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Monse
Bueno, esa es mi memoria. Comes una cosa y cagas otra bien diferente. Recorres miles de kilómetros y siempre es para llegar a un sitio. El sitio adecuado. Igual que hacen los animales, buscar el sitio que les conviene. Reconocer el sitio es lo que importa en realidad ¿no?

Carlos
Cada puerta de cada casa me hace imaginar una vida. En cada pueblo, en cada ciudad me imagino a mi mismo con una nueva vida o una vida diferente. No lo puedo evitar, llego a cualquier sitio y siempre me hago la misma pregunta: ¿Yo viviría aquí? ¿Cómo sería mi vida aquí?
Me bajo del coche y busco el lugar o los lugares en los que podrían estar clavados mis recuerdos.”
[Del Pliego 4 Llamad a cualquier puerta – Carlos Fernández López]

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Sigo con los Pliegos, esta vez de Carlos Marquerie, el número 3 de la colección. “Diálogo II. Carlos  Cuántos amigos han compartido conmigo momentos de entusiasmo o dolor a lo largo de los años. Me pregunto qué habrá sido de sus vidas. Tener tiempo para recuperar viejas amistades. ¿Usted a qué se dedica? Yo, a recuperar viejas amistades. ¿Y esa ocupación es lucrativa?, se preguntaría mi interlocutor, y yo le mandaría a tomar por culo. Le diría: vállase a tomar por culo, me está haciendo perder mi tiempo con sus jodidas preguntas. A mi lo único que me satisface es ocupar mi tiempo. Ocuparlo sin más, no pasar por él, ni que él pase por mí.                   No perderlo.                                                                                           No me importa si mi tiempo es productivo.                                            No me interesa entretenerlo, tampoco distraerlo.                                  Sólo quiero ocuparlo.                                                                   Tampoco quiero atraparlo y poseerlo.                                                 Sólo ocuparlo.                                                                                           Yo ocupado en cada instante, sin más, al cien por cien, mi momento, vivir en su duración, sin querer que sea más largo o más corto.         Me obsesiona el paso del tiempo (…) Para evitarlo no paro de hacer cosas. Cosas, es lo mismo qué, hacer, yo solo o con más gente, hacer, hacer y hacer, hacer cosas y la jodida sensación de las manos gordas intentando frenar el tiempo no me abandona.”

¡Qué grande la ocupación del tiempo!! Tendrá algo que ver con la pregunta sobre si nos pertenecen nuestros cuerpos, si la respuesta es si, entonces tenemos la responsabilidad de seguir nuestros deseos…

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No pude ver su presentación, pero espero hacerlo pronto en el archivo del CA2M y también leer algunos de sus libros, como Filosofía de la deserción: nihilismo, locura y comunidad o  Cartography of exhaustion – nihilism inside out que parece ser texto de obligada lectura para esta transición. Peter Pál Pelbart reflexiona sobre las modalidades de resistencia vital y entre ellas “poner literalmente la vida en escena (…) en estado de variación, modos menores de vivir que habitan nuestros modos mayores y que cobran visibilidad escénica o performática, legitimidad estética y consistencia existencial, aún cuando se está al borde la muerte o del colapso, de la tartamudez o del gruñido, del delirio colectivo o de la experiencia límite. (…) Una manera de representar sin representar, de asociar disociando, de estar en el escenario y sentirse en casa”. Aquí nuestro intento, aunque hay días que apenas se pueden dar unos pocos pasos.

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Viernes de horarios para el próximo curso… y reunión para proyectar cómo será nuestro encuentro a tres bandas (Revisiones, Biblioteca extendida y Editando Extensión) en la invitación-encuentro con JAR (Journal of Art Research) el próximo mes de Octubre en el Reina Sofía. Los proyectos que nos entusiasman nos ayudan a sobrellevar la fragilidad y vulnerabilidad de nuestros cuerpos. 
Después de 23 días de viaje estamos en la vía Augusta de Tarragona.

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El desierto de Atacama y el primer diccionario enciclopédico de lengua inglesa. Las salitreras de Tarapacá en los álbumes de fotografías de Louis Boudat (1889) que muestran el desierto como un espacio infinito y a la fotografía como lugar en el que capturar o recapturar la tierra. Son los mundos que presentan Louise Purbrick y Xavier Ribas. Estas topografías del residuo nos hablan de comunidades desaparecidas, de la fuerza de los trabajadores y la lucha obrera, “extras” que miran a la cámara como una propiedad más del capital y que presagian las desigualdades del orden geopolítico global. Nos despedimos así de las jornadas de estudio de la imagen 2014.

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Aunque Javier Cruz me pasó un plano que aseguraba que se podía llegar caminando a Móstoles, todavía no me he animado a enfilar los kilómetros más allá de la Casa de Campo… Así que el metro me traslada para asistir al taller de Alejandra Riera, que nos habla de “los equilibrios frágiles” y “sanar a las instituciones” en el contexto de estas Jornadas de la Imagen dirigidas por Carles Guerra. Encontrarse con la confusión, con la falta de nitidez o el desbarrar como una metodología de trabajo que permita que emerjan los cuerpos más allá de las estructuras rígidas de aquello que queremos decir con urgencia. Esto lo aporta la experiencia, porque el guión no está cerrado, ni los encuadres: la vida pasa… “pasa la viiiiiiiiiiiiidaaaaaaa”… está de “pasaje”.

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” Le dije a usted, cuando me pidió permiso para ejercer de escritor en el pueblo, que era mejor que hiciese lo que hacen los otros sudamericanos, que unos días van en bici y otros huelen bien. […] Y ahora me dicen que ha escrito usted Luz de agosto, la novela de Faulkner, ¡de William Faulkner! […] ¿es que no sabe que en este pueblo es verdadera devoción lo que hay por Faulkner?” Me sigo riendo con los diálogos de Amanece que no es poco… no tanto con el Faulkner de Mientras agonizo, que me acompaña en la breve ruta que transito hoy por Móstoles. Su desolación y mi cansancio, unen el peregrinaje para dar sepultura a Addie y el dispositivo documental en acción: “Condenado camino. Y va a llover, además. (…) Ahí está el camino, justo hasta mi puerta, para que cualquier mal fario de los que van y vienen llegue hasta aquí. Le dije a Addie que no daba ninguna buena suerte vivir junto a un camino, que esté tan cerca. Y ella, como mujer que es, dijo: “Entonces carretera y manta” Pero lo que yo le decía es que no daba ninguna buena suerte, porque el señor hizo los caminos para ir de un sitio a otro; ¿Para qué, si no, los iba a poner en la tierra? Cuando decide que algo esté siempre moviéndose, lo hace alargado, como un camino o un caballo o una carreta, pero cuando decide que algo se esté quieto, lo hace que sea de arriba abajo, como un árbol o un hombre.”

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Entregadas las actas comienzo los Pliegos de Teatro y Danza, una adquisición comisariada por Alejandro Simón para la biblioteca de la Facultad. El primer número de esta colección es de Elena Córdoba, El cuerpo en la palabra: “No sé si me interesa el movimiento ni qué movimiento me interesa, me acerco a él, me alejo, necesito verlo en las personas que trabajan conmigo. En el fondo creo que siempre me haré las mismas preguntas. (…) ¿Cuándo se empieza a no levantar los pies para caminar? Se dan pasos pequeños que disminuyen el vértigo de la torpeza. Sólo uno sin afeitar, no abandonar jamás los rituales: aseo, salidas, comida, las costumbres sanas alargan la vida, la apuntalan.” La noche trae un pedazo de vida, la amistad celebrada. Gracias Bea.

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Hoy hemos acompañado bailando durante una hora y media a Gloria&Robert que proponían una maratón de baile, a partir de la película Danzad, danzad, malditos (1969) de Sidney Pollack, cuyo acontecimiento central es un maratón de baile, que se celebra a principios de los años 30 en EE.UU. A priori, solo deben seguir una regla básica para poder llegar al final del maratón: no pueden dejar de bailar. No obstante, con el paso de los días (más de 50 días consecutivos: más de 1200 horas), esta regla se traduce del siguiente modo: los participantes no pueden dejar de moverse («bailar» indica que tienen que permanecer en postura vertical realizando algún tipo de movimiento vagamente coreográfico: sus rodillas no pueden tocar el suelo). El maratón finaliza cuando solo una pareja permanezca en la pista. De este modo, el concurso se va transformando poco a poco en una experiencia radicalmente agotadora. Aunque no se aceptó a ninguna persona que mostrara síntomas de enfermedad o debilidad, algunos de los participantes sufrieron lesiones musculares, ataques al corazón o crisis nerviosas agudas. ¿Por qué? ¿Acaso ese premio justificaba un esfuerzo y un sufrimiento de este tipo? La cuestión excede un argumento racional. Parece obvio que todos diríamos que no: no vale la pena. Sin embargo parece que nadie tiene otra opción. Pues eso, 2014, a elegir nuestro cansancio.

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Al principio de la travesía salía muy temprano, por las mañanas, a trazar el recorrido diario por la ciudad. Después se juntaron unas noches sin dormir del todo bien  y tuve que empezar a completar kilómetros por las noches. Así ha aflorado mi espíritu de “espigadora” y estoy recolectando algunos tesoros que he ido encontrando por los barrios y pronto compartiré con vosotras: una pequeña sombrilla de papel con su sillita de juguete, dos libros cuadrados de los años 70 de “Advanced English”, un carrito de muñecas todoterreno verde, una carpeta de dibujo… Tal vez pueden ser los elementos de los que partir para practicar la hipótesis de Jaime Llopis: “Ver las cosas desde otro lugar. Su correlato; el experimento: Hacer las cosas a través de otras lógicas.”