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Beatriz me recomienda esta edición de pequeños libros editados por Anagrama con “las historias más bellas de…” plantas, mundos, hombres, amor… son entrevistas a varios autores sobre un tema. En este caso comienzo con la felicidad, la gran zanahoria que parecemos perseguir, aunque sus letras mayúsculas produzcan respeto. Resulta interesante el viaje histórico por la construcción filosófica y social de este concepto, concretamente André Comte-Sponville nos recuerda que tanto el epicureísmo como el estoicismo tienen como objetivo limitar nuestros deseos y aprender a querer sólo lo que depende de nosotros. Vincular virtud y felicidad, bien por medio de la prudencia, bien a través de la ataraxia o ausencia de conflicto. La clave está en liberarse de la esperanza para aprender a querer. Complicado de asir para alguien como yo, que tiene en alta estima esa esperanza, la posibilidad de modificar el tablero, de cambiar las fichas y ahí podemos encontrar un camino hacia una felicidad que se constituye consciente de la ausencia de desdicha, con capacidad de goce en la presencia y un deseo que no es carencia.

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Aruitemo, Aruitemo ó Still Walking, es una película de Hirokazu Kore-eda (Japón, 2008) que marca mis pasos en esta etapa, dejando a la peregrina cargada de reflexiones sobre el mapa emocional que dibujamos los seres humanos. Confluyen aquí diversos tiempos (la muerte del hijo mayor 15 años atrás, las nuevas parejas, el encuentro de los hermanos) las estampas de vidas que se presentan, de individuos que han dejado de verse y no logran actualizar sus vínculos, de espacios fallidos en la comunicación o estructuras que se han anquilosado a la hora de considerar qué es aquél constructo al que llamamos “familia”… y también un abanico de emociones que desvelan una serie de personajes complejos: doloridos, crueles, indefensos. El tempo lento, casi detenido y el disfrute de las escenas (como las instrucciones detalladas para preparar una tempura), la fotografía, los paisajes, las formas, las luces, los sonidos y sin embargo el poso de la belleza nutre las reflexiones que nos propone esta película: even if you walk and walk.

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Y algunas os preguntaréis cómo es que me acompañan tantos libros en esta Travesía de Transición y es que además de poder decir con alegría que ¡he recuperado la lectura! ¡qué estaba sedienta por escuchar! en estas páginas de Vila-Matas hallé otra parte de la respuesta: En mi caso, no entender nada no es un problema. No sólo paso a limpio mentalmente las crónicas o libros que no entiendo sino que, además, la incomprensión la he convertido en mi poética literaria. Cargo de sentido la sensación de absurdo que da la vida y, de paso, considero que lo esencial de la realidad se encuentra en los libros. Aunque no he entendido nunca nada de este mundo (y en cambio, no se por qué, entiendo perfectamente lo que estoy ahora escribiendo), aunque no he entendido nunca por qué vivo ni tampoco por qué un día estaré muerto, aunque no he entendido nunca nada, yo he seguido siempre adelante buscando y encontrando en la literatura, y paradójicamente en el absurdo mismo, el sentido del mundo. (Vila-Matas, El viento ligero en Parma, 2004) Si, en parques como La Dehesa es posible leer caminando a la sombra de los árboles.

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Me seduce el título Las diez mil cosas un libro publicado por Asteroide y cuya autora es María Dermôut y también leer algo de una escritora holandesa que  publica su primera novela con 63 años. Me gustan estos ejemplos de vida que nos recuerdan que el tiempo no corresponde únicamente a la “juventud”, podemos seguir creciendo si nos lo proponemos. Este libro está repleto de rincones interiores, como el jardín de especias o los tesoros que la abuela guarda en el armario, historias de la dama del pequeño jardín y gente que busca algo moviéndose: Aquellos días empezó a hacer expediciones por toda la isla. En cuanto se marchaba se encontraba mejor: en un prao o, sobre todo, caminando, escalando los montes por rocas o precipicios… Nada le parecía demasiado empinado o lejano. Se bañaba y nadaba en todos los arroyos que cruzaba (…) En aquellas salidas empezó Felicia a buscar antigüedades: objetos raros de porcelana y loza, muebles curiosos, objetos de cristal, en fin, de todo. Llevaba medicinas, como le había enseñado su abuela, y dinero.

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Casi sin darme cuenta, llevo diez años dando clase. Comencé en el curso 2003/2004 en Aranjuez, el curso siguiente 2004/2005 me fui a Murcia durante tres años, desde el 2007/2008 estoy en la Facultad de Bellas Artes de la UCM y del 2010 al 2014 cuatro años de programación en Extensión Universitaria. Toda esta introducción para llegar a que son ya unos cuantos los estudiantes conocidos a lo largo del tiempo. Ayer, tuve dos encuentros felices en Matadero con “ex” de las que ahora soy “fan-total”. La exposición de Teresa Solar Aboud Todas las cosas que no están, narra la historia de una mujer que cruza Estados Unidos siguiendo los pasos del ingeniero y fotógrafo americano Harold Edgerton: la historia y la fotografía acompañadas de una narración en off logran atraparnos en un viaje luminoso en el que se encuentra la mirada fotográfica, la de los murciélagos, la subacuática: “Igual que los pioneros antes que yo, seguí hacia el oeste siguiendo su migración colonizadora de llanuras, colinas y bosques. También seguía los movimientos de Edgerton, que viajaba durante las vacaciones con sus hijos tomando fotografías ultra-rápidas y ahora ya sabemos que los colibríes son la única especie capaz de volar hacia atrás con la misma eficiencia que hacia adelante.” He oído alguna voz suspicaz con el hecho de que dos de las últimas becas de la Fundación Botín hayan ido a parar a miembros o colaboradores de RAMPA, pero yo no puedo más que congratularme de que se reconozca el trabajo de este grupo sobresaliente de talento entre los que están la propia Teresa, Carlos Fernández Pello, Fernando Baños, Karlos Gil, Paloma Checa o Javier Fresneda. Después, concierto especial de Alondra Bentley (ex de Murcia) para niños, un auténtico lujo el amor con que prepara todos los elementos que pone en escena: los instrumentos fabricados por ella, los dibujos, los cuentos, la narración y su espléndida voz,acompañada por Nacho Ruiz en el teclado, xilófono, etc. Son algunos de los encuentros felices en la docencia que celebramos de camino a Grecia.

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Walser llega, por todo lo alto a La Travesía: en mi segunda visita a Playgrounds en el Reina Sofía y en “una obra de teatro a pie” en el que junto a diez espectadores paseamos junto a Robert Walser, por el barrio, casi chino, de Usera.
El señor director o señor tasador dijo:
¡Pero siempre se le ve paseando!
Pasear -respondí yo- me es imprescindible, para animarme y para mantener el contacto con el mundo vivo, sin cuyas sensaciones no podría escribir ni media letra más ni producir el más leve poema en verso o prosa. Sin pasear estaría muerto, y mi profesión, a la que amo apasionadamente, estaría aniquilada. Sin pasear y recibir informes no podría tampoco redactar el más mínimo artículo, y no digamos toda una novela corta. Sin pasear no podría hacer observaciones ni estudios. (…) Un paseo está siempre lleno de importantes manifestaciones dignas de ver y sentir. De imágenes vivas de poesías, de hechizos y bellezas naturales bullen a menudo los lindos paseos, por cortos que sean. Naturaleza y costumbres se abren activas y encantadoras a los sentidos y ojos del paseante atento, que desde luego tiene que pasear no con los ojos bajos, sino abiertos y despejados si ha de brotar en él el hermoso sentido y el sereno y noble pensamiento del paseo
(Robert Walser, El paseo, 1917)
La propuesta teatral en movimiento de Marc Coellas y la compañía argentino-española La Soledad, en el Festival Fringe reúne a amantes incondicionales del escritor que en su afán de no desear nada y simplemente desaparecer, ingresó voluntariamente en el sanatorio de Herisau (Suiza), aunque nadie sabe si sufría una severa depresión o sólo quería apartarse del mundo y dedicarse a narrar lo mínimo, esa naturaleza que no necesita hacerse importante, porque “lo es”.

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Clásicos si, sumando carencias y placeres a los que estoy llegando este verano, ahí está Tarkovsky con su SACRIFICIO una película tan bella que me deja con ganas de ver las otras seis que rodó. Alexander nos explica la importancia de seguir un ritual: “Ahora, pequeño, tienes que venir a ayudarme. Hace ya muchísimo tiempo, un monje de un monasterio ortodoxo, plantó un árbol seco en la montaña. Era igual que éste, y le dijo a su discípulo que regara el árbol cada día hasta que cobrara vida…por favor, acércame esas piedras… Y desde entonces, todos los días por la mañana, temprano, subía la montaña con un cubo de agua y al atardecer volvía al monasterio. Así lo hizo durante tres años, hasta que un maravilloso día, cuando fue a regar su árbol, como siempre hacía, vio algo excepcional: Toda su copa se hallaba cubierta de hermosas flores.
Digan lo que digan, esa manera de proceder, puede darte resultados extraordinarios, es decir, que si todos los días, a la misma hora, sistemáticamente, hiciéramos lo mismo, estableciendo un ritual, el mundo sin duda alguna cambiaría, estoy absolutamente convencido de ello
.” Esta travesía también se propone, a lo largo del camino, metódicamente, cambiar algo de nuestro mundo, replantearnos posiciones y buscar pequeños rituales estériles.

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La música en vivo hace su entrada en la Travesía con un concierto de los Veranos de la Villa, Calamaro en el Price, que también tiene algo de viaje en el tiempo, a la adolescencia, fin del instituto. Mi primo Pablo había venido por primera vez a España desde Argentina y paseando por la calle Barquillo se cruza con Andrés, todavía un desconocido aquí, pero ya un “abuelo de la nada” en tierras argentinas. Así comienza un encuentro que termina en una visita al local del barrio de Tetuán en que ensayaba con su grupo de aquél momento llamado “Los locos” y empezamos a seguirlos en los conciertos en pequeños locales que daban por Malasaña. Reinventó su personaje en Madrid y después lo que todos sabemos: Los Rodríguez, Calamaro en solitario… ¿Qué supuso este encuentro para cada uno de los cuerpos? El de ayer era una versión snob de Maradona, que ante un público entregado (a su ídolo y a los autorretratos) no pareaban de corear: Yo soy un loco, que se dio cuenta que el tiempo es muy poco…

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Ayer hablábamos, con los jóvenes artistas residentes en Matadero (Estudio busca talento) de la memoria y del tiempo… acontecimientos que parecerían remotos y sin embargo los han vivido personas que conocemos. Desmemoriados. Leo Némesis de Philip Roth. Una espantosa epidemia, la polio, amenaza con dejar a los niños de la ciudad de Nueva Jersey mutilados, paralizados o minusválidos, e incluso con matarlos. Es el sobrecogedor tema de la obra de Roth ambientado en el verano de 1944. Nunca había estado en las montañas Pocono, ni pasado por los condados del noroeste de Nueva Jersey hasta Pensilvania. El tren atravesaba colinas, bosques y tierras de labor, y Bucky se sentía como si no viajara tan solo al estado vecino, sino mucho más lejos. Deslizarse por un paisaje totalmente desconocido tenía una dimensión épica, le producía una sensación que ya había experimentado en sus pocos viajes anteriores en tren (incluida la línea de Jersey que conducía a la costa), la de que estaba a punto de desplegarse un futuro nuevo y desconocido para él. Al ver la Delaware Water Gap, la espectacular hondonada entre montañas por donde fluye el río que separa Nueva Jersey de Pensilvania, a solo un cuarto de hora de la estación de Stroudsburg, donde iba a apearse, su emoción de viajero se intensificó y tuvo la certeza, irrazonable desde luego, de que ningún destructor podría rebasar tan formidable barrera natural para atraparlo. La polio sería la tercera enfermedad infecciosa erradicada pero en los 4 primeros meses de 2014 se han detectado un total de 68 casos incluyendo algunos en países no endémicos. Tan cerca, tan lejos ¿qué son 70 años?

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En la etapa de hoy me he valido de la bicicleta!! ¿es trampa? La jornada comenzó visitando el declive de PHE con las expos de Telefónica y Casa de América y leyendo en El Cultural una reseña inesperada de Salón de Verano que hace Beatriz Espejo con cariñosas palabras para el equipo de Extensión ¡gracias! Por lo demás, Selina, en nuestro retorno a los clásicos me he estado informando: Gredos (José Manuel Pabón) vs. Cátedra (José Luis Calvo) y el tema de las traducciones de la Odisea que trata Borges: Ningún problema tan consustancial con las letras y con su modesto misterio como el que propone una traducción. Presuponer que toda recombinación de elementos es obligatoriamente inferior a su original, es presuponer que el borrador 9 es obligatoriamente inferior al borrador H -ya que no puede haber sino borradores. El concepto de texto definitivo no corresponde sino a la religión o al cansancio. (…) No hay un buen texto que no parezca invariable y definitivo si lo practicamos un número suficiente de veces. (…) la Odisea, gracias a mi oportuno desconocimiento del griego, es una librería internacional de obras en prosa y verso (…) Esa riqueza heterogénea y hasta contradictoria no es principalmente imputable a la evolución del inglés o a la mera longitud del original o a los desvíos o diversa capacidad de los traductores, sino a esta circunstancia, que debe ser privativa de Homero: la dificultad categórica de saber lo que pertenece al poeta y lo que pertenece al lenguaje. A esa dificultad feliz debemos la posibilidad de tantas versiones, todas sinceras, genuinas y divergentes. Recapitulando, los dos libros los encontramos en las Bibliotecas de la UCM ¿algún consejo de los demás peregrinos?