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Lo bueno de no haber leído a los clásicos, como El Camino de Miguel Delibes, es hacerlo ahora. Pensando en la travesía, creí que habría un viaje a través de las páginas, que nos moveríamos por Cantabria, era tan sólo una expectativa. La evocación de una noche insomne en la que Daniel, “el Mochuelo” se pregunta por lo que significa “progresar en la vida”, esas ambiciones de los padres (los hijos-proyecto que decía Mercedes R.) que no se sabe si alegran o amargan la vida de los vástagos. “Hijos -les dice el cura- todos tenemos un camino marcado en la vida. Debemos seguir siempre nuestro camino, sin renegar de él (decía don José). Algunos pensaréis que eso es bien fácil, pero, en realidad, no es así.” Fatalismo o responsabilidad para con la oportunidad de darle forma a nuestras propias vidas.