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La mayoría de los meandros se producen en el curso inferior del río. La erosión es mayor en el exterior de la curva donde la velocidad es mayor. La deposición de sedimentos se produce en el borde interior debido a que el río, desplazándose lentamente, no puede llevar su carga de sedimentos, creando un deslizamiento de la pendiente, llamado un punto bar. El movimiento más rápido en el exterior de la curva tiene más capacidad erosiva y el meandro tiende a crecer en la dirección hacia fuera de la curva, formando un pequeño acantilado o ribera recortada. Las raíces de los sauces están a menudo expuestas inferiormente lo que, finalmente, lleva a los árboles a caer. Esto muestra la circulación del río.

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Tal vez fuera porque siempre lo he visto entre bloques de cemento, por eso pensaba que más bien era un estanque, una presa y no un río, como indicaba su nombre. Pero desde hace unos días, estoy conociendo pequeños trechos del Manzanares que demuestran que si, que se trata de un río. Por fin logré alcanzar la vía ciclista, desde el tramo que colinda con la Ciudad Universitaria, a la altura de la Casa de Campo. Si lo tomas hacia el norte, desde la dehesa de Arganzuela, visitas unos cuantos remansos que atraviesan el Puente de los Franceses y llegan a Puerta de Hierro. Más bien parece un arroyo, pero a esa altura al menos, el agua tiene un movimiento que recuerda al natural.

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Nacho me regala, por mi cumpleaños, dos títulos de Houellebcq, Las partículas elementales y Plataforma. La sensación, después de leerlos, es algo ambigua. En un principio me parecía que era un autor que respondía a la  construcción de un producto literario, una fórmula que aúnaba todos los ingredientes de ocio-entretenimiento: una historieta bien documentada, relaciones personales, algo de cinismo, descripciones erótico-festivas… un punto pesimista, oscuro, nihilista en cierto sentido. Todo en su justa proporción. Sin embargo las historias dejan poso: los personajes principales, tarados a nivel emocional, incapaces de empatía, de compartir, de afectividad, nos encaran con una interrogación. En el caso de Plataforma, Michel, trabajador del Ministerio de Cultura intenta ordenar sus pensamientos: “Mis sueños son mediocres. Como todos los habitantes de Europa occidental, quiero viajar. Bueno, hay que tener en cuenta las dificultades, la barrera del idioma, la mala organización de los transportes de grupo, los peligros de volar y de que a uno lo estafen, para decirlo en plata, en el fondo lo que yo quiero es hacer turismo. Cada cual tiene los sueños de los que es capaz, y mi sueño es encadenar al infinito los “circuitos de la pasión” las “vacaciones en color” y los “placeres a la carta”, por mencionar los temas de tres catálogos de Nouvelles Frontieres.” Pero lo que queda al descubierto son las tramas del turismo sexual, la explotación de los poderosos y la prostitución como última mercancía, una salida para unas relaciones humanas que se han vuelto demasiado complejas, si la comunicación no es posible o no cumple las expectativas de igualdad, la claridad del dinero aporta luz y  simplicidad a los nuevos intercambios.
Las partículas elementales, nos dan una clave en ficción científica para pensar la estructura de esta travesía que estoy escribiendo en pequeñas etapas: “Las historias coherentes de Griffiths se introdujeron en 1984 para reunir las medidas cuánticas en narraciones verosímiles. Una historia de Griffiths se construye a partir de una serie de medidas tomadas más o menos al azar en momentos diferentes. Cada medida expresa que una determinada cantidad física, diferente de una medida a otra se encuentra comprendida, en un momento dado, dentro de una determinada escala de valores. (…) Entre las historias del mundo que son posibles en un marco experimental determinado, algunas pueden reescribirse en la forma normalizada de Griffiths, se llaman, entonces, historias coherentes de Griffiths, y en ellas es como si el mundo se compusiera de objetos aislados, dotados de propiedades intrínsecas y estables. No obstante, el número de historias coherentes de Griffiths que pueden reescribirse a partir de una serie de medidas es, por lo general, bastante superior a uno. Tú tienes conciencia de tu yo; esta conciencia te permite emitir una hipótesis: la historia que eres capaz de reconstruir a partir de tus propios recuerdos es una historia coherente, que justifica el principio de narración unívoca. Como individuo aislado, empeñado en existir durante cierto lapso de tiempo, sometido a una ontología de objetos y propiedades, no te cabe la menor duda sobre este punto: se te puede asociar, necesariamente, una historia coherente de Griffiths.” Es más que literatura ociosa o “mejor vendida” aunque lo que muestre no me agrade.

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Siguiendo las recomendaciones de Javi, que le está dando vueltas a las autobiografías, llego ahora al texto de Estrella de Diego, No soy yo, publicado por Siruela en 2011. Interesante el análisis que hace de la relación con la documentación-fotografía-performance, el por qué incluir la escritura de las mujeres en el epígrafe “confesiones”, las escenificaciones, el trauma, la memoria, el exilio: un repaso somero de casos interesantes que van desde los Diez personajes de Kabakov y sus álbumes (El hombre que nunca tiraba nada; El hombre que colecciona las opiniones de otros ó El hombre que voló al espacio desde su apartamento) a Laurie Anderson. “Anderson hace autobiografía porque redacta a cada paso la “autobiografía de cualquiera” al hablar de los estereotipos de América. No es un simple trasiego de identidades, propone un tipo de identidad nómada, la que nunca se acaba de detener, la que pasa de un clon a otro clon, casi como personajes de Pessoa, el personaje del personaje, sin matriz. La identidad acaba, así, por ser precisamente la falta de identidad, una estructura fractal que siempre se repetirá sin repetirse, nunca idéntica. Dramática en cuanto modificación atómica del cuerpo mismo, más que máscara, más que disfraz al fin. La pregunta es si hay vuelta en esta carrera por las desposesiones/posesiones. ¿Somos más porque somos muchos o somos, al fin, menos? ¿Quiénes somos? Se trata en el fondo de una idea muy nietszcheana, esa idea que de alguna manera retoma Deleuze, la del nomadismo que configura una identidad de otro orden.” Creo que somos más, precisamente, cuando logramos alejarnos de los aburridos discursos identitarios. A veces me miro, en un coche, camino a Madrid, pequeñas hormigas, abejorros en movimiento. Vista con esa distancia, resultan cómicas las preocupaciones que descubren un ego herido. Parece más constructivo continuar el tránsito, inaugurar nuevos órdenes.

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Volvemos a Madrid por un camino inusual: Villaviciosa-Torrelavega-Burgos-Madrid. Todo para no perderme la exposición de Fernando Martín Godoy en el CAB. ¡Qué buena decisión! Con el título Album presenta una muestra de tesis. Fernando despliega un conjunto de cuadros fabulosos, en los que indaga las colecciones (I, II, III: 2014), los objetos (Constructivismo cotidiano, 2010) y algunas secuencias casi cinematográficas (La luna en la piscina, 2008). Su pintura tiene lo que más me interesa de este género, Fernando es capaz de traer el tiempo lento, reflexivo, pausado y murmurante a cada uno de sus obras. FMG ha encontrado en la contención y austeridad cromática una atmósfera exuberante: ni blanco total, ni negro completo, es en la amplia gama que maneja (in-between) donde somos capaces de distinguir el universo. Si en los primeros cuadros que iniciaron esta serie la luz que irrumpía en las superficies provenía de los dispositivos tecnológicos (móviles, pantallas de ordenador) proyectando nuestra enajenación… en este caso parece hablarnos de lo que es capaz un cuerpo cultural. La potencia del trabajador material queda definida por FMG en el políptico de 8 piezas Alone in the Dark (2014), homenaje al trabajo de otros artistas contemporáneos, pero también con Arquitecto (2013), Arqueólogo (2013) Proyecto (2013) y Grupo de investigación (2011). Está claro que la pintura de Godoy no está ensimismada ni espera que el espectador se quede perdido y deleitándose en la belleza de sus obras (que también lo hacemos) pero siempre nos deja mucho más. Concretamente establece un diálogo entre la arquitectura del CAB y sus trabajos, aprovechando los rincones, los huecos, que parecen ser una extensión-apropiación de sus pinturas y esculturas (Capítulo, 2011; Dobles, 2011; Constelación (working table, 2012). Con ellas articula una reflexión sobre la materialidad y la representación que me recuerdan el texto La cámara oscura de David Hockney, que Fernando me recomendó hace años en París y que extienden su trabajo por nuevas vías y dan cuenta de la vitalidad del proyecto que desarrolla, de su pintura. Todavía estáis a tiempo (hasta el 28 de septiembre) de visitar esta exposición, de fascinaros por la inteligencia, la belleza, la ironía, el talento y la maestría de Fernando y para el que le conozca o tenga amistad con él, como es mi caso, de sentir una inmensa alegría o para ser más precisos y aunque suene algo raro, de estar orgullosos de él.

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Élisée Reclus fue un gran geógrafo. En 1869 escribe El Arroyo, una experiencia ejemplar de diálogo con la naturaleza y profunda relación con el paisaje, de excursionista consumado. La versión que leo tiene mareas, Eloar Guazzelli con sus dibujos logra mover las palabras del texto de Reclus, en la fantástica edición que MediaVaca publicó en 2001. Esa fascinación por el agua, en todas sus formas, la ría, los ríos, el mar, tan presente este verano, es un deleite en este texto, título imprescindible para incluir en la “Lenateca”. Y también yo, tranquilo espectador del arroyo y sus maravillas, puedo variar hasta el infinito el aspecto de la superficie líquida con sólo sumergir mi mano en la corriente. La paseo al azar y cada uno de sus movimientos modifica las ondulaciones de la cambiante capa. Las ondas, los remolinos y los borbotones se desplazan, todo el régimen del curso del agua varía a mi voluntad según la posición de mi brazo; esas olitas que se forman ante mis ojos las veo agruparse hacia la corriente, mezclarse con otras ondulaciones y, cada vez más débiles pero siempre reconocibles, propagarse hasta una curva del arroyo. La visión de todas estas ondas obedeciendo a la incitación de mi mano despierta en mi una especie de tranquila alegría mezclada con algo de melancolía. Las pequeñas ondulaciones que provoco en la superficie del agua se propagan a lo lejos y de ola en ola hasta un confín indiscernible. De igual modo toda idea vigorosa, toda palabra firme, todo esfuerzo en el gran combate por la justicia y la libertad repercute a menudo, sin que lo percibamos, de hombre en hombre, de pueblo en pueblo, y desde los tiempos remotos hasta el más lejano porvenir.

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Volver a los clásicos, leer La Odisea, familiarizarse de nuevo con su prosa, respetar un canto diario (aunque a veces fue inevitable avanzar un poco más, Javi, yo también me lo estoy pasando pipa!!). El retorno, el castigo, la hospitalidad, la desigualdad, el tiempo extendido de una vida (que veinte años no es nada), las relaciones, el orden, los afectos dentro de un marco. Hay un momento memorable en que el canto del aedo lastima a Penélope, ella le reprende: “deja ese canto cruel, que sin cesar me desgarra el corazón; porque me ha hincado muy a fondo una pena inolvidable.” Telémaco, su hijo, le responde con una airada defensa al “creador”: Madre mía, ¿por qué ahora le impides al muy fiel aedo que nos deleite, del modo en que le impulsa su mente? No son en nada culpables los aedos, sino que en cierto modo es Zeus el responsable, quien da a los mortales comedores de trigo lo que quiere y como quiere, a cada uno. No es motivo de indignación contra éste el que cante el triste final de los aqueos. Que los hombres celebran más el canto que les resulta el más novedoso a los oyentes. Que tu corazón y tu ánimo se armen de valor para oírlo. Pues no fue Odiseo el único que perdió el día del regreso en Troya, sino que también muchos otros guerreros allí perecieron. La odisea de aprender algo: en el camino se nos brindan muchas oportunidades y sin embargo estamos demasiado absortos o limitados por las circunstancias para reaccionar.