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Es el tercer día soleado y acudimos raudos a la playa de Rodiles, para no perder la oportunidad y bañarnos. Son las primeras olas de Lena en el Cantábrico y todavía no se ha formado una opinión al respecto. La arena de Rodiles es fina y está flanqueada por el verde de un par de montes que nos recuerdan dónde estamos. Los eucaliptos, que en su momento eran un aparcamiento improvisado, ahora cobijan un amplio merendero público; el lugar en que estaba el chiringuito “Marcelino” ahora está ocupado por dunas protegidas. Rodiles está situado, además, en un tramo del litoral de interés arqueológico debido al hallazgo de numerosos yacimientos del período jurásico formados por rocas en las que se encuentran impresas algunas huellas de Dinosaurios. Es cierto que la autovía ha multiplicado el número de visitantes, pero sigue siendo un lugar fascinante, un espacio que trasladar en nuestra memoria para ocupar la polis.