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Esta ha sido una semana lenta. Me entra curiosidad por saber de qué se trata la serie que ocupa la portada de Cahiers du Cinema (Julio-Agosto, 2014), Juego de tronos. Termino de ver la primera temporada, si bien es cierto que no me llaman la atención especialmente este tipo de sagas, es el máximo exponente de la actual narración audiovisual destinada al gran público y me interesa saber qué se está cociendo. Jordi Sánchez Navarro observa que “la serie refuerza esa idea de inmensidad poniendo énfasis en la geografía: los escenarios de la saga incluyen cuatro continentes y multitud de islas. Existen formas de organización política condicionadas por la geografía: Poniente (Westeros) es el continente de los Siete Reinos y su organización de tipo feudal unificada bajo un solo rey. También es el continente de las tierras más allá del Muro (un enorme desierto helado, habitado por tribus autodenominadas libres). En Essos, ingentes masas de tierra desértica albergan ciudades estado, tribus nómadas y pequeños reinos.” El dominio de la narración televisiva de George R. R. Martin, exhibe el inconfundible blasón de la HBO: minuciosas construcciones narrativas que “te permiten invertir tiempo en los personajes y hacerlo con la oscuridad que sus historias requieren”. En ambos continentes, centenares de personas de toda condición social interactúan en una lucha sin fin por el poder, la libertad, el honor o simplemente, la supervivencia. Una vez desplegado el tablero, lo realmente importante es el proceso, el recorrido, el entramado narrativo… el juego. Poco importa que los participantes sean bandas de traficantes en la calles de Baltimore, las familias del crimen organizado de Nueva York o los clanes de los Siete Reinos. “Los personajes se mueven por el dinero y el poder. Los valores, los sentimientos y la moral son los mismos”, declaró Sean Bean, uno de los protagonistas. En una sociedad donde los caballeros sirven a sus amos, los alfiles tienen sus propias y oscuras agendas y los reyes y damas son encarnaciones del vicio frente a cualquier posible virtud, el papel fundamental estará reservado a los peones. Sin ser una de mis series estrella de HBO la exploración del potencial del relato: su extensión, la continuidad de los personajes y los mundos posibles que evoca, nos acercan a un invierno largo y frío, que puede durar décadas y alguna que otra reflexión a extrapolar: fuck the king!

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