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La continuidad de los parques, los de aquella época, con sus filos de hierro, sobre los que nos colgábamos boca abajo. Los que tienen arena o son de tartán, con sus cestos para bebés. En el catálogo de Playgrounds, encontramos un texto de Lars Bang Larsen que concluye con el siguiente párrafo: “Podemos remontarnos al límite moderno de lo lúdico con el cuadro de Jean- Baptiste Siméon Chardin titulado El niño de la peonza (1738), en el que un niño contempla una peonza que ha lanzado sobre su pupitre. El minúsculo objeto está en movimiento, representado en suspensión antes de que deje de girar ante la mirada del niño. El juego en tonalidad mayor siempre se ha predicado en diversos actos precarios: las piedras arrojadas a un arroyo, una peonza en movimiento que está a punto de perder la verticalidad. Este tipo de acontecimientos desnudos, modestos, fugaces, poco memorables, indignos de la «madurez» de nuestro tiempo, son los que debemos revisar.” Sin embargo yo os propongo las pompas de jabón, ese aire contenido, infraleve y contenedor de la potencia.

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