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Volvemos a Madrid por un camino inusual: Villaviciosa-Torrelavega-Burgos-Madrid. Todo para no perderme la exposición de Fernando Martín Godoy en el CAB. ¡Qué buena decisión! Con el título Album presenta una muestra de tesis. Fernando despliega un conjunto de cuadros fabulosos, en los que indaga las colecciones (I, II, III: 2014), los objetos (Constructivismo cotidiano, 2010) y algunas secuencias casi cinematográficas (La luna en la piscina, 2008). Su pintura tiene lo que más me interesa de este género, Fernando es capaz de traer el tiempo lento, reflexivo, pausado y murmurante a cada uno de sus obras. FMG ha encontrado en la contención y austeridad cromática una atmósfera exuberante: ni blanco total, ni negro completo, es en la amplia gama que maneja (in-between) donde somos capaces de distinguir el universo. Si en los primeros cuadros que iniciaron esta serie la luz que irrumpía en las superficies provenía de los dispositivos tecnológicos (móviles, pantallas de ordenador) proyectando nuestra enajenación… en este caso parece hablarnos de lo que es capaz un cuerpo cultural. La potencia del trabajador material queda definida por FMG en el políptico de 8 piezas Alone in the Dark (2014), homenaje al trabajo de otros artistas contemporáneos, pero también con Arquitecto (2013), Arqueólogo (2013) Proyecto (2013) y Grupo de investigación (2011). Está claro que la pintura de Godoy no está ensimismada ni espera que el espectador se quede perdido y deleitándose en la belleza de sus obras (que también lo hacemos) pero siempre nos deja mucho más. Concretamente establece un diálogo entre la arquitectura del CAB y sus trabajos, aprovechando los rincones, los huecos, que parecen ser una extensión-apropiación de sus pinturas y esculturas (Capítulo, 2011; Dobles, 2011; Constelación (working table, 2012). Con ellas articula una reflexión sobre la materialidad y la representación que me recuerdan el texto La cámara oscura de David Hockney, que Fernando me recomendó hace años en París y que extienden su trabajo por nuevas vías y dan cuenta de la vitalidad del proyecto que desarrolla, de su pintura. Todavía estáis a tiempo (hasta el 28 de septiembre) de visitar esta exposición, de fascinaros por la inteligencia, la belleza, la ironía, el talento y la maestría de Fernando y para el que le conozca o tenga amistad con él, como es mi caso, de sentir una inmensa alegría o para ser más precisos y aunque suene algo raro, de estar orgullosos de él.