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Las uñas con esmalte semi-permanente azul. Una inmobiliaria que en su folleto cita a Benedetti, con los ojos cerrados. Un paseo para ver camiones y trenes que parten y llegan a Chamartín. Las escaleras mecánicas. Un molde de plástico con forma de cangrejo que se llena de agua y arena. Ya he aprendido a tirarme por el tobogán grande. Llamadas que no logro contestar. Gramática Parda. Palabras que no sé de dónde sacar. Los verdaderos temores. Extranjera a lo Camus. Los retos de pensar modelos de la investigación artística en Doctorado. La legitimación. Las presentaciones del TFM. La fecha prevista de llegada a Atenas se adelanta. Un proyecto I+D. La cuenta-atrás y la transición que comenzó. La materialidad de las decisiones que vamos a tomar. La perplejidad propia y ajena. La apertura del curso en el MNCARS con Benjamin Buchloh. Las relecturas y los malos entendidos, las ofensas, El arte, los artistas y la vida cotidiana de Gloria G. Durán. Este es el abono a ciegas del martes 16.

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Está a punto de comenzar la temporada en el teatro Pradillo, que expanden la programación en su blog, web y enlaces como el de Jaime Conde-Salazar que escribe: «La danza del futuro se compone como una red de sucesos, cuestiones, experiencias y contextos interconectados que forman una especie de organismo que vive y se transforma constantemente.  Por eso, cada vez más, la danza del futuro se refiere y se nutre de las circunstancias en las que tiene lugar y de cómo la vida y el mundo se concretan en un sitio a lo largo de un tiempo. Así, la danza expande sus límites más allá de los dispositivos tradicionales de representación, más allá de los ámbitos de trabajo autorizados y más allá de los espacios asignados al arte y la cultura en las culturas burguesas capitalistas.» La primera presentación es The Dream Project, de Cuqui Jerez, es «12 meses de trabajo. Un experimento acerca de cómo trabajar y cómo producir. Es la creación de una colección de pequeñas piezas de diferentes formatos y temas no necesariamente relacionados unos con otros.» Deseando expectante.

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Vivimos en Tetuán, casi enfrente de la mezquita. Nuestros vecinos son dominicanos, españoles, filipinos, árabes. Desde hace aproximadamente un mes un grupo de extrema derecha se ha instalado en la calle Juan de Olías. Llevan a cabo prácticas xenófobas y discriminatorias, practican la violencia (van dos palizas a inmigrantes) y actúan como atrayente para reconocidos neonazis que se refugian en siglas y proyectos supuestamente sociales. Estamos muy preocupados porque no se trata de un conflicto entre ellos y el CSO La Enredadera, sino de un retroceso en la construcción de una convivencia, bastante sana, en Tetuán. La Enredadera es buena para el barrio, es un espacio de encuentro en el que se practica la solidaridad y el apoyo mutuo. Es una red de personas que, al dejar de ser anónimas entre sí, se hacen invencibles frente al aburrimiento, frente al pesimismo, frente a la crisis. Cuando hoy llegamos a la Plaza de las Palomas parecía un polvorín, dos grupos separados por una calle, rodeados de policía nacional e injustamente equiparados por los medios de comunicación, estamos asistiendo a una infamia con visos trágicos.
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Mañana en el Molar, con zapatitos de tacón, todo listo para escuchar a Sef+Albufera en un concierto matutino child friendly. Si, la amistad, postergada y necesaria como agua de mayo. Beatriz me manda una cita del Palacio de la luna de Paul Auster: «Yo había saltado desde el borde del acantilado y justo cuando estaba a punto de dar contra el fondo, ocurrió un hecho extraodrinario: me enteré de que había gente que me quería. Que le quieran a uno de ese modo lo cambia todo. No disminuye el terror de la caída, pero te da una nueva perspectiva de lo que significa ese terror. Yo había saltado desde el borde y entonces, en el último instante, algo me cogió en el aire. Ese algo es lo que defino como amor. Es la única cosa que puede detener la caída de un hombre, la única cosa lo bastante poderosa como para invalidar las leyes de gravedad.» Los aliados de vida, dispuestos a ayudarnos a transitar el abismo.

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Los cantares mediocres de nuestros gobernantes nos dejaron la moraleja culpabilizadora de que habíamos vivido por encima de nuestras posibilidades. ¿Cuáles son nuestras posibilidades?  ¿Cuáles se avecinan? Hace siete años Nacho compró un coche, el Roomster, que llegó a París, que transportó a Lena en su primer trayecto motorizado desde el Hospital, que conocía la ruta a Salamanca y la de Rodiles-Villaviciosa casi de memoria. Ida y vuelta a Pozuelo, a Infantes, la mudanza de San Marcelo a Bravo Murillo y una banda del Gauchito Gil que nos protegía en las carreteras. Pero estaba por encima de nuestras posibilidades, así que el pasado lunes lo vendimos, no car.

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Hay actividades que son incompatibles, incluso para las mujeres. Caminar y llorar al mismo tiempo es algo que no se puede hacer. Te sientas en un banco y lloras a moco tendido o sigues caminando y se aplaca, al cabo de dos kilómetros, el llanto. Se puede, sin embargo, caminar y leer a la vez, sobre todo si lo haces en un parque, con algún sendero para corredores, ciclistas y paseantes. Aunque hay lecturas que nos desplazan en nuestra habitación, como el ensayo Universitario, que está ultimando para su publicación Alejandro Simón y que me parece será un texto de referencia, al menos yo empezaré el curso con este reader. Como todavía es inédito sólo comparto con vosotros una cita que hace Simón del programa de actividades de la asignatura Lensbased que imparte Hito Steyerl en Berlín: «No estamos interesados en el genio, en el oscurantismo, ni en la complacencia estética, ética e intelectual. A veces toleramos arte vanidoso, spamming, pretextos de riesgo y bad hair days [días de pelo indomable]. Animamos a la especulación desenfadada, a la instalación heurística, al solo-tasking [tarea en solitario], a los ataques de peloteo, a una actitud sospechosa ante cualquier cosa considerada natural, y a extensiones para esta lista.» Un buen punto de partida.

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Estoy leyendo (con cierta distancia) a Zygmunt Bauman y su libro Comunidad. Hay que reconocer que identifica ciertos aspectos de nuestra realidad, concretamente de algunos barrios que vislumbramos cruzando el curso del Manzanares y adentrándonos en el anillo ciclista (que los osados llaman verde). «El marco social del trabajo y el medio de vida no es, sin embargo, lo único que se está desmoronando. Todo lo que le rodea parece encontrarse en un torbellino. Citando otra vez a Sennett, el lugar en el que se desarrolla o se espera desarrollar la vida entera «crece de repente al toque de la varita mágica de un promotor inmobiliario, florece y empieza a declinar al cabo de una generación». En semejante lugar (y cada vez más gente llega a conocer tales lugares y su amarga atmósfera por propia experiencia) nadie «se convierte en un testigo de por vida de la historia de otra persona». (…) Se han acabado las antiguas y amables tiendas de ultramarinos de la esquina; si han logrado resistir la competencia del supermercado, sus propietarios, sus gestores, las caras al otro lado del mostrador cambian con demasiada frecuencia para que cualquiera de ellas albergue la permanencia que ya no se encuentra en la calle.» En este día de luto nacional, por la muerte del banquero, nos sumen en la perplejidad las declaraciones de dos políticos en el Congreso vinculando su figura (a favor y en contra) a la «marca España». Parece que hay consenso: no habitamos una comunidad, ni un país, somos productos de una marca, de una franquicia patética y ahora sólo está en juego que el sepulturero elija dónde poner nuestro logo.

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El mundo de las series infantiles de los dosmiles, Peppa Pig, Bob esponja, Caillou, Poco Yo… son opciones de las que es difícil escapar. Recuerdo unos dibujos que le ponía César a Violeta en su ordenador, eran bonitos, pero no recuerdo nombres. Ayer cogí, en la Dámaso Alonso, un ejemplar editado por Siruela de los Cuentos populares de la India, una edición de A.K. Ramanujan. Le pregunté a Lena si le apetecía escuchar alguno antes de dormir. Provista de una linterna, yo en el pequeño sillón y ella en su cuna, le leí la historia de Gopal Bhar, el contador de estrellas: «-Excelencia, se han cumplido vuestras órdenes. He medido la tierra de punta a punta y de lado a lado, y he contado las estrellas del firmamento. -Excelente. Dime, pues, los resultados. Las cifras exactas. -¿Cifras, Majestad? En el acuerdo no se mencionaban las cifras. He hecho lo que ordenasteis. La anchura de la tierra equivale a la longitud del hilo de las siete primeras carretas, y su longitud a la del hilo de las otras ocho carretas. Además, en el firmamento hay tantas estrellas como pelos tienen estas cinco ovejas. Tardé mucho tiempo en encontrar las ovejas que tuvieran el número justo de pelos.» De vez en cuando charlaba, escuchaba atenta, no se llegó a dormir, probablemente entendió alguna frase, compartimos belleza. Un poco más de aritmética para artistas. Buenas noches.

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En uno de mis paseos encuentro unas cartillas olvidadas, con sus anotaciones, su economía de andar por casa. Conozco la mecánica de cuidar cada gasto, de hacer malabares con las cifras. Para Wittgenstein la práctica matemática no es menos social que el comercio: “¿Podría haber aritmética sin la coincidencia de los que calculan? ¿Podría calcular un hombre solo? ¿Podría uno solo seguir una regla?”. Aritmética para artistas.

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En aquél encuentro, hace ya un par de meses, en casa de Carmen y Raúl, las hermanas Almela me recomendaron algunos títulos que quedaron anotados en el cuaderno de viaje. Comienzo con Gonzalo Hidalgo Bayal y su Campo de amapolas blancas, que se anuncia como un espacio para recuperar el pasado, que nace del ejercicio consciente e intelectual de la memoria de una amistad verdadera y perdida. “Seguía siendo un muchacho sin importancia colectiva, dijo, exactamente un individuo.” Alejarse de amigos queridos es algo que nos ocurre algunas veces en la vida, por circunstancias varias, rumbos paralelos o intensidades distintas, es un camino conocido, que deja un poso de melancolía. Campo de amapolas blancas es un viaje triste, de estaciones lentas, de desalientos, de caminos a ninguna parte. El dolor del padre, la ternura que nos produce H. con su descubrimiento: si la lluvia y el fuego son los únicos elementos verdaderamente cosmológicos y por tanto poéticos, difícilmente podremos comprenderlos, pero podemos intentar indagar en ellos. “(…) sé que fue a partir de Bouville cuando empezó a subrayar en todos los libros las referencias a la lluvia, palabras de lluvia, la expresión de la lluvia, y a coleccionar un profuso catálogo de frases con lluvia, con llovizna, con llover. (…) seguimos con las lecturas de Sastre y de Camus, averiguamos que jóvenes desesperados se arrojaban al Sena con ejemplares de La náusea en el bolsillo y aprendimos a resumir el mundo en una frase: “Los hombres mueren y no son felices.“ Cuando en las posturas adolescentes se posan los años las frases despojan algunos cuerpos.