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La distancia, aunque sea la misma, nunca se percibe igual. Después de una noche sin dormir los kilómetros parece que se multiplican. Las bibliotecas municipales también tienen dvds, algunas colecciones un tanto aleatorias en las que encontramos películas de las que no tuvimos idea (pese a haber ganado el León de Oro de Venecia). Una de ellas es Naturaleza Muerta, dirigida por Jia Zhangke en el año 2006. Además de mi atracción por este país se sumaba en este caso su relación con Wuhan (la ciudad en la que viví hace ya cuatro años). Fengjie es un pueblo de las orillas del río Yangtsé, afectado por la construcción de la Presa de las Tres Gargantas. La película cuenta la historia de un minero que viaja buscando a su ex mujer y a su hija, a las que no ha visto en 16 años. Las imágenes de esta ciudad, cubierta de agua, en la que todavía no ha comenzado la construcción, nos muestra los paralelismos entre las historias humanas y la obra pública que deja enterrada en el agua ciudades con cientos de años de antigüedad y más de un millón de personas desplazadas por un proyecto de reasentamiento que me pregunto cómo dialoga con las macrocifras: miles de toneladas de hormigón para hacer una presa de 3035 metros de ancho y 185 metros de alto, un canal de desagüe, una central eléctrica con 26 generadores, cinco esclusas de navegación permanente… es decir, el mayor proyecto hidroeléctrico del mundo. Sanming se reencuentra con su mujer y vuelven a empezar la relación; la enfermera Shen Hong se abraza y despide definitivamente de su marido, delante de las Tres Gargantas y entonces empiezan a bailar.

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El cine entra en la Travesía, con la SAL DE TIERRA (Salt of the Earth) una película del año 1951 dirigida por Herbert J. Biberman que me recomendó Beatriz y que está basada en un hecho real ocurrido en la mina Zinc Empire Company, ubicada en Nuevo México. La peli (un antecedente fundamental de cine independiente, vetada en USA) muestra la discriminación ejercida por la empresa hacia los obreros de origen mexicano: recibían sueldos inferiores a los estadounidenses, no tenían agua caliente y las condiciones de seguridad dejaban al descubierto lo poco que valía para la compañía sus vidas. Esta situación provocó una larga y difícil huelga e hizo emerger que la desigualdad también se reproducía en el seno de las familias obreras. La igualdad no es un concepto etéreo, viene a transmitir la película, sino una lucha constante que hay que empezar y mantener, 2014 and go on. Esta película te hacer creer que tal vez, igual que ellos, al estar unidas, algo se puede cambiar y como dice Esperanza “La casa no es nuestra, pero las flores si”.

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Hoy hemos acompañado bailando durante una hora y media a Gloria&Robert que proponían una maratón de baile, a partir de la película Danzad, danzad, malditos (1969) de Sidney Pollack, cuyo acontecimiento central es un maratón de baile, que se celebra a principios de los años 30 en EE.UU. A priori, solo deben seguir una regla básica para poder llegar al final del maratón: no pueden dejar de bailar. No obstante, con el paso de los días (más de 50 días consecutivos: más de 1200 horas), esta regla se traduce del siguiente modo: los participantes no pueden dejar de moverse («bailar» indica que tienen que permanecer en postura vertical realizando algún tipo de movimiento vagamente coreográfico: sus rodillas no pueden tocar el suelo). El maratón finaliza cuando solo una pareja permanezca en la pista. De este modo, el concurso se va transformando poco a poco en una experiencia radicalmente agotadora. Aunque no se aceptó a ninguna persona que mostrara síntomas de enfermedad o debilidad, algunos de los participantes sufrieron lesiones musculares, ataques al corazón o crisis nerviosas agudas. ¿Por qué? ¿Acaso ese premio justificaba un esfuerzo y un sufrimiento de este tipo? La cuestión excede un argumento racional. Parece obvio que todos diríamos que no: no vale la pena. Sin embargo parece que nadie tiene otra opción. Pues eso, 2014, a elegir nuestro cansancio.