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El proyecto Depression Era reúne a más de 15 artistas y comisarios griegos con la siguiente premisa: “Este proyecto nos pilla fuera de los fines felices. Navega, fuera de los abiertos finales inocentes, inmerso en un mundo en profunda crisis humanitaria, de paisajes en ruina, inseguridad, democracias partidas y una cultura cotidiana desesperanzada. Nuestro primer objetivo es la claridad, en un presente de confusión, política, histórica y social. Un experimento de narración colectiva aparece, conectando momentos significativos y documentando historias aún sin contar en un mosaico de imágenes y textos. Esclarecer la maraña con este trabajo, sin mirar al futuro, en forma de progreso, a la idea de crecimiento, pero manteniéndonos juntos en los Comunes, nivelados y rotos, más allá del ruido de la revuelta pornográfica, las compras, el nuevo feudalismo, las especulaciones de los especialistas, los medios de comunicación fracasados, el análisis paralizante, el urbanismo de photoshop y la crisis continua, a horcajadas de la línea roja que divide Europa, construyendo un arco de imágenes y textos (un mosaico de lentes: una anti-pantalla: un museo en el camino: un mirador a las formas por venir), mientras Occidente naufraga en una auténtica época de la Depresión.” Estoy llegando a destino, encontrar aliados era uno de los objetivos. Las fotos de los últimos días son de algunos de estos trabajadores materiales: Pavlos Fysakis, Dimitris Rapakousis, Chrissoula Voulgari… Más Lintridis que nunca.

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¡Qué bien los encuentros en la tercera fase! Comienza la temporada, en Pradillo, con Cuqui Jerez. Si alguien en Madrid lee esta entrada está a tiempo de no perdérsela (sábado 20/9), aviso. Cada noche un repertorio abierto a la fascinación, los objetos cotidianos cobrando vidas tragicómicas. Las palabras y las cosas, siempre las palabras y las cosas. Un rodeo al pasodoble in crescendo que nos deja embelesados. ¡Qué bien sienta el talento! necesitaba una dosis para borrar la mediocridad que nos acecha. Intervalos para desmenuzar a Cuqui con Pedro y Selina que ya está tramando nombres  para los nuevos tiempos: ¡Elitismo barato! un término prestado de Sánchez Ferlosio. “Cuando Mairena expuso su proyecto ideal de centro de enseñanza, contraponía claramente una posible Escuela Superior de Sabiduría Popular, como lo rechazable, frente a una posible Escuela Popular de Sabiduría Superior, como lo deseable. Así que lo que Mairena propugnaba podría, muy ajustadamente, designarse como elitismo barato, en el que, por afectar la baratura tan sólo a la actividad de la enseñanza, no al saber enseñado, la tal escuela podía permitirse concebir la aspiración de llegar algún día a hacer mayoritario ese saber“.  Juan de Mairena se postula entre los títulos para una siguiente lectura colectiva ¿se animan?

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Está a punto de comenzar la temporada en el teatro Pradillo, que expanden la programación en su blog, web y enlaces como el de Jaime Conde-Salazar que escribe: “La danza del futuro se compone como una red de sucesos, cuestiones, experiencias y contextos interconectados que forman una especie de organismo que vive y se transforma constantemente.  Por eso, cada vez más, la danza del futuro se refiere y se nutre de las circunstancias en las que tiene lugar y de cómo la vida y el mundo se concretan en un sitio a lo largo de un tiempo. Así, la danza expande sus límites más allá de los dispositivos tradicionales de representación, más allá de los ámbitos de trabajo autorizados y más allá de los espacios asignados al arte y la cultura en las culturas burguesas capitalistas.” La primera presentación es The Dream Project, de Cuqui Jerez, es “12 meses de trabajo. Un experimento acerca de cómo trabajar y cómo producir. Es la creación de una colección de pequeñas piezas de diferentes formatos y temas no necesariamente relacionados unos con otros.” Deseando expectante.

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Mañana en el Molar, con zapatitos de tacón, todo listo para escuchar a Sef+Albufera en un concierto matutino child friendly. Si, la amistad, postergada y necesaria como agua de mayo. Beatriz me manda una cita del Palacio de la luna de Paul Auster: “Yo había saltado desde el borde del acantilado y justo cuando estaba a punto de dar contra el fondo, ocurrió un hecho extraodrinario: me enteré de que había gente que me quería. Que le quieran a uno de ese modo lo cambia todo. No disminuye el terror de la caída, pero te da una nueva perspectiva de lo que significa ese terror. Yo había saltado desde el borde y entonces, en el último instante, algo me cogió en el aire. Ese algo es lo que defino como amor. Es la única cosa que puede detener la caída de un hombre, la única cosa lo bastante poderosa como para invalidar las leyes de gravedad.” Los aliados de vida, dispuestos a ayudarnos a transitar el abismo.

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Sigo con la literatura de los TFM, en esta ocasión es en el texto de Lorena Fernández Prieto, Una historia de lo posible, donde se da el encuentro con Benjamin: “Esta concepción de Benjamin tiene que ver con una comprensión del tiempo como algo abierto, que se opone a la idea del tiempo continuo con el que trabajaba la historiografía. Como nos explica Agamben,  A la idea de un progreso de la especie humana en la historia, propia de la socialdemocracia y el historicismo, que es “inseparable de la marcha a través de un tiempo homogéneo y vacío”, le contrapone “la conciencia revolucionaria de hacer saltar el continuum de la historia” (Jetzt-Zeit), entendido como detención mesiánica del acaecer, que “reúne en una grandiosa abreviatura la historia de la humanidad”. (Agamben, 2010:147) Es este sentido de la detención, esta resistencia al continuo, lo que convierte la historia en política. Resistirse a que las cosas sigan pasando es un acto profundamente político”. No puedo evitar pensar en el libro que publicó Consonni de Marcelo Expósito, Walter Benjamin productivista. Un ensayo que reactiva a Benjamin políticamente sin dejar de mirar a nuestra historia reciente y las relaciones que se establecen entre arte, política y activismo. Volvemos a estar en una época de oscilación entre el crimen del autoritarismo sistémico y la transformación revolucionaria, por eso es importante, a la par que político como nos indica Fernández Prieto, resistirse a que las cosas sigan pasando.

 

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Segundo día de exámenes, acaba de llegar agosto.

Incursiones empujando el carrito de Lena por la ciudad.

Devolución de ejemplares en todas las bibliotecas: Vázquez Montalbán (Estrecho), Dámaso Alonso (Plaza de Castilla), Facultad de Bellas Artes (Ciudad Universitaria).

Lo mejor de la jornada un encuentro en la facultad con Agustín; hablamos de colegios de Madrid, Orfidal y las becas de la Mutua. Hay momentos en los que se completa una etapa, aunque no haya ramos de flores esperándote, ni podio, ni medalla. Más bien desasosiego y cierta tristeza.

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Volvemos a Madrid por un camino inusual: Villaviciosa-Torrelavega-Burgos-Madrid. Todo para no perderme la exposición de Fernando Martín Godoy en el CAB. ¡Qué buena decisión! Con el título Album presenta una muestra de tesis. Fernando despliega un conjunto de cuadros fabulosos, en los que indaga las colecciones (I, II, III: 2014), los objetos (Constructivismo cotidiano, 2010) y algunas secuencias casi cinematográficas (La luna en la piscina, 2008). Su pintura tiene lo que más me interesa de este género, Fernando es capaz de traer el tiempo lento, reflexivo, pausado y murmurante a cada uno de sus obras. FMG ha encontrado en la contención y austeridad cromática una atmósfera exuberante: ni blanco total, ni negro completo, es en la amplia gama que maneja (in-between) donde somos capaces de distinguir el universo. Si en los primeros cuadros que iniciaron esta serie la luz que irrumpía en las superficies provenía de los dispositivos tecnológicos (móviles, pantallas de ordenador) proyectando nuestra enajenación… en este caso parece hablarnos de lo que es capaz un cuerpo cultural. La potencia del trabajador material queda definida por FMG en el políptico de 8 piezas Alone in the Dark (2014), homenaje al trabajo de otros artistas contemporáneos, pero también con Arquitecto (2013), Arqueólogo (2013) Proyecto (2013) y Grupo de investigación (2011). Está claro que la pintura de Godoy no está ensimismada ni espera que el espectador se quede perdido y deleitándose en la belleza de sus obras (que también lo hacemos) pero siempre nos deja mucho más. Concretamente establece un diálogo entre la arquitectura del CAB y sus trabajos, aprovechando los rincones, los huecos, que parecen ser una extensión-apropiación de sus pinturas y esculturas (Capítulo, 2011; Dobles, 2011; Constelación (working table, 2012). Con ellas articula una reflexión sobre la materialidad y la representación que me recuerdan el texto La cámara oscura de David Hockney, que Fernando me recomendó hace años en París y que extienden su trabajo por nuevas vías y dan cuenta de la vitalidad del proyecto que desarrolla, de su pintura. Todavía estáis a tiempo (hasta el 28 de septiembre) de visitar esta exposición, de fascinaros por la inteligencia, la belleza, la ironía, el talento y la maestría de Fernando y para el que le conozca o tenga amistad con él, como es mi caso, de sentir una inmensa alegría o para ser más precisos y aunque suene algo raro, de estar orgullosos de él.