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Cocinar nos recuerda lo que somos capaces de hacer con nuestras propias manos. El día de hoy es momento para la polenta criolla que cocina mi madre. Los ingredientes para hacer la masa, por si están interesados los que no están familiarizados con este alimento, son: 2 tazas de harina pan de maíz, 5 tazas de leche, 1 cucharadita de sal, 4 cucharaditas de mantequilla, 6 huevos y 4 a 5 tazas de guiso de pollo. La preparación es bastante sencilla: se coloca en una licuadora la leche, y se va añadiendo lentamente la harina de maíz (polenta) hasta que se disuelve. Luego, se le agregan los huevos uno por uno, hasta que la mezcla vaya quedando homogénea. Finalmente, añadimos la mantequilla previamente derretida mezclándola hasta que se hace una crema. “Cocinar es una protesta contra la infiltración de intereses comerciales por cada rendija de nuestras vidas”, afirma Pollan en la introducción de su libro Cooked. “Cocinar por el puro placer de hacerlo y dedicar parte de nuestro tiempo de ocio a ello es declarar nuestra independencia de las corporaciones que buscan convertir cada momento en una ocasión para consumir. Es rechazar la debilitadora idea de que, al menos cuando estamos en casa, producir es un trabajo que debemos dejar a otros, que la única forma legítima de ocio es el consumo. Esa dependencia que los vendedores llaman ‘libertad”. Revoluciones de andar por casa y ¡mañana Delia preparará canelones!

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Ya lo decía Cervantes: “Come poco y cena más poco, amigo Sancho que los negocios de la cabeza se fraguan en la oficina del estómago” La segunda lectura, de la que os hablaba al comienzo de la semana relacionada con la alimentación, lamentablemente no es del autor del Quijote sino de un bestseller inglés un tanto chungo… Sin embargo trata un tema que me interesa, que es el ayuno. Qué cambios operan en nuestro cuerpo, si tiene o no, poder de transformación, si nos conviene darle un respiro a nuestros órganos. Las curas de Sirope de savia o arce, los ayunos modificados en días alternos, la perseverancia como una clave o propuesta para conocer mejor nuestros cuerpos o plantearnos un sondeo de sensaciones. Me gustaría conocer experiencias… fallidas, alegres, agobiantes, ingobernable el hambre, exultantes de energía.

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La suya es una casa de las maravillas, gastronómicas y afectivas. Siempre son un bálsamo de celebración de la vida cotidiana: regar las plantas, la preocupación por las hojas que el granizo arrasó hace 10 días en Madrid, la cuidada iluminación de la terraza, son algunos indicios que preceden al viaje culinario. El puré Derridá, por supuesto deconstruído a las bravas madrileñas, es el prólogo de un camino que nos lleva del mar a la tierra y de ahí al aire. Todas las delicias y poder compartir nuestras fragilidades, culminan en una tarta de queso y moras (aunque por su tamaño parecían fresones) que puso Sagrario en la mesa con naturalidad, como si hubiera sido fácil ofrecernos aquél manjar. Es el descanso que nos regala la residencia de Carmen, Raúl, Livia y Marco. Imperdonable que no pueda ofrecer alguna foto… así que para compensar os dejo esta nube de Berndnaut Smilde.

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La transición pasa por el cuerpo, la encarnación, buscar un cambio. Esto implica inevitablemente pensar cómo nos alimentamos, qué productos ingerimos a diario. Nos lo decía Mercedes el otro día, que buscará en los alimentos una cura o prevención para la enfermedad. He estado leyendo, apasionadamente, aunque no sé qué y cuánto de científico tendrán, dos libros que se plantean este tema. Hoy os voy a contar sobre el primero, que es del Dr. Perlmutter y se llama Cerebro de pan. Básicamente lo que viene a decir es que la pirámide alimenticia no está bien planteada y que sometemos a nuestros cuerpos a un exceso de harinas refinadas, hidratos de carbono y cereales en general. Según Perlmutter, neurólogo de profesión, esto conlleva una epidemia de casos de diabetes y afecciones como el Alzheimer, que se podrían prevenir aumentando la ingesta de grasas buenas y proteínas. También hay una parte que me ha interesado mucho y que está relacionada con la importancia del ejercicio: “La tendencia científica emergente sobre la evolución humana y el papel de la actividad física da un nuevo significado a la frase “ejercitar la memoria” (…) triunfamos como especie recorriendo distancias largas porque podíamos correr o caminar durante más tiempo que muchos otros animales. Esto nos ayudó a convertirnos en los humanos inteligentes que somos hoy en día. Cuanto más nos movíamos, más mejoraba nuestro cerebro”… eso sí, hay que empezar a madrugar de nuevo, porque el calorazo nos está dificultando la tarea, aunque hasta ahora las planificaciones que hago no triunfan en absoluto.