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Mañana en el Molar, con zapatitos de tacón, todo listo para escuchar a Sef+Albufera en un concierto matutino child friendly. Si, la amistad, postergada y necesaria como agua de mayo. Beatriz me manda una cita del Palacio de la luna de Paul Auster: “Yo había saltado desde el borde del acantilado y justo cuando estaba a punto de dar contra el fondo, ocurrió un hecho extraodrinario: me enteré de que había gente que me quería. Que le quieran a uno de ese modo lo cambia todo. No disminuye el terror de la caída, pero te da una nueva perspectiva de lo que significa ese terror. Yo había saltado desde el borde y entonces, en el último instante, algo me cogió en el aire. Ese algo es lo que defino como amor. Es la única cosa que puede detener la caída de un hombre, la única cosa lo bastante poderosa como para invalidar las leyes de gravedad.” Los aliados de vida, dispuestos a ayudarnos a transitar el abismo.

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En aquél encuentro, hace ya un par de meses, en casa de Carmen y Raúl, las hermanas Almela me recomendaron algunos títulos que quedaron anotados en el cuaderno de viaje. Comienzo con Gonzalo Hidalgo Bayal y su Campo de amapolas blancas, que se anuncia como un espacio para recuperar el pasado, que nace del ejercicio consciente e intelectual de la memoria de una amistad verdadera y perdida. “Seguía siendo un muchacho sin importancia colectiva, dijo, exactamente un individuo.” Alejarse de amigos queridos es algo que nos ocurre algunas veces en la vida, por circunstancias varias, rumbos paralelos o intensidades distintas, es un camino conocido, que deja un poso de melancolía. Campo de amapolas blancas es un viaje triste, de estaciones lentas, de desalientos, de caminos a ninguna parte. El dolor del padre, la ternura que nos produce H. con su descubrimiento: si la lluvia y el fuego son los únicos elementos verdaderamente cosmológicos y por tanto poéticos, difícilmente podremos comprenderlos, pero podemos intentar indagar en ellos. “(…) sé que fue a partir de Bouville cuando empezó a subrayar en todos los libros las referencias a la lluvia, palabras de lluvia, la expresión de la lluvia, y a coleccionar un profuso catálogo de frases con lluvia, con llovizna, con llover. (…) seguimos con las lecturas de Sastre y de Camus, averiguamos que jóvenes desesperados se arrojaban al Sena con ejemplares de La náusea en el bolsillo y aprendimos a resumir el mundo en una frase: “Los hombres mueren y no son felices.“ Cuando en las posturas adolescentes se posan los años las frases despojan algunos cuerpos.

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En la etapa de hoy me he valido de la bicicleta!! ¿es trampa? La jornada comenzó visitando el declive de PHE con las expos de Telefónica y Casa de América y leyendo en El Cultural una reseña inesperada de Salón de Verano que hace Beatriz Espejo con cariñosas palabras para el equipo de Extensión ¡gracias! Por lo demás, Selina, en nuestro retorno a los clásicos me he estado informando: Gredos (José Manuel Pabón) vs. Cátedra (José Luis Calvo) y el tema de las traducciones de la Odisea que trata Borges: Ningún problema tan consustancial con las letras y con su modesto misterio como el que propone una traducción. Presuponer que toda recombinación de elementos es obligatoriamente inferior a su original, es presuponer que el borrador 9 es obligatoriamente inferior al borrador H -ya que no puede haber sino borradores. El concepto de texto definitivo no corresponde sino a la religión o al cansancio. (…) No hay un buen texto que no parezca invariable y definitivo si lo practicamos un número suficiente de veces. (…) la Odisea, gracias a mi oportuno desconocimiento del griego, es una librería internacional de obras en prosa y verso (…) Esa riqueza heterogénea y hasta contradictoria no es principalmente imputable a la evolución del inglés o a la mera longitud del original o a los desvíos o diversa capacidad de los traductores, sino a esta circunstancia, que debe ser privativa de Homero: la dificultad categórica de saber lo que pertenece al poeta y lo que pertenece al lenguaje. A esa dificultad feliz debemos la posibilidad de tantas versiones, todas sinceras, genuinas y divergentes. Recapitulando, los dos libros los encontramos en las Bibliotecas de la UCM ¿algún consejo de los demás peregrinos?

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La suya es una casa de las maravillas, gastronómicas y afectivas. Siempre son un bálsamo de celebración de la vida cotidiana: regar las plantas, la preocupación por las hojas que el granizo arrasó hace 10 días en Madrid, la cuidada iluminación de la terraza, son algunos indicios que preceden al viaje culinario. El puré Derridá, por supuesto deconstruído a las bravas madrileñas, es el prólogo de un camino que nos lleva del mar a la tierra y de ahí al aire. Todas las delicias y poder compartir nuestras fragilidades, culminan en una tarta de queso y moras (aunque por su tamaño parecían fresones) que puso Sagrario en la mesa con naturalidad, como si hubiera sido fácil ofrecernos aquél manjar. Es el descanso que nos regala la residencia de Carmen, Raúl, Livia y Marco. Imperdonable que no pueda ofrecer alguna foto… así que para compensar os dejo esta nube de Berndnaut Smilde.

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Sigo con los Pliegos, esta vez de Carlos Marquerie, el número 3 de la colección. “Diálogo II. Carlos  Cuántos amigos han compartido conmigo momentos de entusiasmo o dolor a lo largo de los años. Me pregunto qué habrá sido de sus vidas. Tener tiempo para recuperar viejas amistades. ¿Usted a qué se dedica? Yo, a recuperar viejas amistades. ¿Y esa ocupación es lucrativa?, se preguntaría mi interlocutor, y yo le mandaría a tomar por culo. Le diría: vállase a tomar por culo, me está haciendo perder mi tiempo con sus jodidas preguntas. A mi lo único que me satisface es ocupar mi tiempo. Ocuparlo sin más, no pasar por él, ni que él pase por mí.                   No perderlo.                                                                                           No me importa si mi tiempo es productivo.                                            No me interesa entretenerlo, tampoco distraerlo.                                  Sólo quiero ocuparlo.                                                                   Tampoco quiero atraparlo y poseerlo.                                                 Sólo ocuparlo.                                                                                           Yo ocupado en cada instante, sin más, al cien por cien, mi momento, vivir en su duración, sin querer que sea más largo o más corto.         Me obsesiona el paso del tiempo (…) Para evitarlo no paro de hacer cosas. Cosas, es lo mismo qué, hacer, yo solo o con más gente, hacer, hacer y hacer, hacer cosas y la jodida sensación de las manos gordas intentando frenar el tiempo no me abandona.”

¡Qué grande la ocupación del tiempo!! Tendrá algo que ver con la pregunta sobre si nos pertenecen nuestros cuerpos, si la respuesta es si, entonces tenemos la responsabilidad de seguir nuestros deseos…