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Estoy leyendo (con cierta distancia) a Zygmunt Bauman y su libro Comunidad. Hay que reconocer que identifica ciertos aspectos de nuestra realidad, concretamente de algunos barrios que vislumbramos cruzando el curso del Manzanares y adentrándonos en el anillo ciclista (que los osados llaman verde). “El marco social del trabajo y el medio de vida no es, sin embargo, lo único que se está desmoronando. Todo lo que le rodea parece encontrarse en un torbellino. Citando otra vez a Sennett, el lugar en el que se desarrolla o se espera desarrollar la vida entera “crece de repente al toque de la varita mágica de un promotor inmobiliario, florece y empieza a declinar al cabo de una generación”. En semejante lugar (y cada vez más gente llega a conocer tales lugares y su amarga atmósfera por propia experiencia) nadie “se convierte en un testigo de por vida de la historia de otra persona”. (…) Se han acabado las antiguas y amables tiendas de ultramarinos de la esquina; si han logrado resistir la competencia del supermercado, sus propietarios, sus gestores, las caras al otro lado del mostrador cambian con demasiada frecuencia para que cualquiera de ellas albergue la permanencia que ya no se encuentra en la calle.” En este día de luto nacional, por la muerte del banquero, nos sumen en la perplejidad las declaraciones de dos políticos en el Congreso vinculando su figura (a favor y en contra) a la “marca España”. Parece que hay consenso: no habitamos una comunidad, ni un país, somos productos de una marca, de una franquicia patética y ahora sólo está en juego que el sepulturero elija dónde poner nuestro logo.

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Tal vez fuera porque siempre lo he visto entre bloques de cemento, por eso pensaba que más bien era un estanque, una presa y no un río, como indicaba su nombre. Pero desde hace unos días, estoy conociendo pequeños trechos del Manzanares que demuestran que si, que se trata de un río. Por fin logré alcanzar la vía ciclista, desde el tramo que colinda con la Ciudad Universitaria, a la altura de la Casa de Campo. Si lo tomas hacia el norte, desde la dehesa de Arganzuela, visitas unos cuantos remansos que atraviesan el Puente de los Franceses y llegan a Puerta de Hierro. Más bien parece un arroyo, pero a esa altura al menos, el agua tiene un movimiento que recuerda al natural.

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El próximo viaje a Asturias intentaré no traer ningún libro y bucearé sólo en la biblioteca de mis tíos. Hoy encuentro, a la hora de la siesta, un librito que se llama “Canciones de lucha y esperanza” de enero de 1970 editado por la revista “Estudios” ¡Qué mejor que cantar por el camino! Canciones cantadas en momentos de alegría o de pesar, entonadas por el pueblo, por los ejércitos populares o las milicias. El sonido de la canción es “un golpe al invasor, es un muro en la defensa, es un arma contra la injusticia”. Hay himnos y marchas, canciones revolucionarias internacionales (de Cuba, de Rusia, de España, de México), canciones folklóricas de lucha y esperanza. Cantamos y luchamos y encontramos esta maravilla Mazúrquica modérnica de Violeta Parra:

Me han preguntádico varias persónicas
si peligrósicas para las másicas
son las canciónicas agitadóricas:
¡ay, qué pregúntica más infantílica!
Solo un piñúflico la formulárica,
pa’ mis adéntricos yo comentárica.

Le he contestádico yo al preguntónico:
cuando la guática pide comídica
pone al cristiánico firme y guerrérico
por sus poróticos y sus cebóllicas.
No hay regimiéntico que los deténguica,
si tienen hámbrica los populáricos.

Preguntadónicos, partidirísticos
disimuládicos y muy malúlicos,
son peligrósicos más que los vérsicos,
más que las huélguicas y los desfílicos.
Bajito cuérdica firman papélicos;
lavan sus mánicos como Piláticos.

Caballeríticos almidonáticos
almibarádicos mini ni ni ni ni…
le echan carbónico al inocéntico
y arrellenádicos en los sillónicos
cuentan los muérticos de los encuéntricos
como frivólicos y bataclánicos.

Varias matáncicas tiene la histórica
en sus pagínicas bien imprentádicas.
Para montárlica no hicieron fáltica
las refalósicas revoluciónicas.
El juraméntico jamás cumplídico
es el causántico del desconténtico:
ni los obréricos ni los paquíticos
tienen la cúlpica, señor fiscálico.

Lo que yo cántico es una respuéstica
a una pregúntica de unos graciósicos,
y más no cántico, porque no quiérico:
tengo flojérica en los zapáticos,
en los cabéllicos, en el vestídico,
en los riñónicos y en el corpíñico.

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Hay un texto maravilloso de Susan Sontag “Bajo el signo de Saturno (Walter Benjamin)” que nos habla de esta sensación de espacializar el mundo para conocerlo: “Los temas iterativos de Benjamin son, característicamente, medios de espacializar el mundo: por ejemplo, su noción de las ideas y las experiencias como ruinas. Comprender algo es comprender su topografía, saber cómo trazar su mapa. Y saber cómo perderse.
Para el personaje nacido bajo el signo de Saturno, el tiempo es el medio de la coacción, de la inadecuación, de la repetición, del mero cumplimiento. En el tiempo, se es sólo lo que se es: lo que siempre se ha sido. En el espacio se puede ser otra persona. El escaso sentido de la dirección de Benjamin y su incapacidad de leer un mapa de calles se convierten en su amor a los viajes y en su dominio del arte de extraviarse. El tiempo no nos da mucho plazo: nos lanza desde atrás, sopla sobre nosotros y nos empuja por el estrecho embudo del presente hacia el futuro. Pero el espacio es ancho, lleno de posibilidades, posiciones intersecciones, pasajes, rodeos, vueltas en «U», callejones sin salida y calles de un solo sentido. De hecho, demasiadas posibilidades. Como el temperamento saturnino es lento, proclive a la indecisión, a veces hay que abrirse paso con un cuchillo. A veces, terminamos volviendo el cuchillo contra nosotros.
La marca del temperamento saturnino es la relación autoconsciente e implacable con el yo, que nunca puede darse por sentado. El ego es un texto: hay que descifrarlo (Por ello, es un temperamento idóneo para los intelectuales.) El ego es un proyecto, algo que construir. (Por tanto, es un temperamento idóneo para artistas y mártires, los que cortejan “la pureza y la hermosura de un fracaso”, como dice Benjamin de Kafka.) Y el proceso de construir un ego y sus obras siempre es demasiado lento. Siempre está uno atrasado consigo mismo.
Más allá del romanticismo, cada día volvemos a intentarlo, a fracasar rotundamente, pero seguimos intentándolo. Unos centímetros más allá o en el mismo lugar, en callejones sin salida.

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Lila & Flag, la última parte de la trilogía de Berger es una historia de amor apasionado y dramática. Para mí, sin embargo, están más presentes los ecos de las relaciones truncadas entre generaciones de padres e hijos. Las esperanzas de unos en la vida de los otros, la incapacidad de éstos para recordar que la vida es finita y tal vez entonces ya no habrá más tiempo. ¿Es ley de vida? La madre de Flag querría verlo prosperar y su hijo va de timo en timo sorteando la miseria. Los abuelos paternos de Sugus anhelaban (del latín anhelare: respirar con dificultad, jadear) conocer a su nieto, pero sus padres no lograron volver para presentárselo. Dice Berger que en su pueblo ve, cada semana del año, a muchos campesinos del lugar reunidos en el cementerio para despedir a alguien que acaba de marcharse: “Aquí coexisten dos ciudades en continua comunicación, la ciudad de los muertos y la ciudad de los vivos”. Esta mañana hemos salido a dar un paseo entre nubes, sol y lluvia, con Carmen, Pilar, Lena y Raúl a Amandi. Además de la iglesia hemos visitado el umbral del gallinero del “Guernica”, con sus pollitos, sus vacas y la bombilla pelada. Llovizna fuera, huele a campo.

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” Le dije a usted, cuando me pidió permiso para ejercer de escritor en el pueblo, que era mejor que hiciese lo que hacen los otros sudamericanos, que unos días van en bici y otros huelen bien. […] Y ahora me dicen que ha escrito usted Luz de agosto, la novela de Faulkner, ¡de William Faulkner! […] ¿es que no sabe que en este pueblo es verdadera devoción lo que hay por Faulkner?” Me sigo riendo con los diálogos de Amanece que no es poco… no tanto con el Faulkner de Mientras agonizo, que me acompaña en la breve ruta que transito hoy por Móstoles. Su desolación y mi cansancio, unen el peregrinaje para dar sepultura a Addie y el dispositivo documental en acción: “Condenado camino. Y va a llover, además. (…) Ahí está el camino, justo hasta mi puerta, para que cualquier mal fario de los que van y vienen llegue hasta aquí. Le dije a Addie que no daba ninguna buena suerte vivir junto a un camino, que esté tan cerca. Y ella, como mujer que es, dijo: “Entonces carretera y manta” Pero lo que yo le decía es que no daba ninguna buena suerte, porque el señor hizo los caminos para ir de un sitio a otro; ¿Para qué, si no, los iba a poner en la tierra? Cuando decide que algo esté siempre moviéndose, lo hace alargado, como un camino o un caballo o una carreta, pero cuando decide que algo se esté quieto, lo hace que sea de arriba abajo, como un árbol o un hombre.”

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Estoy llegando a Pancrudo, en Aragón, todo parece muy metafórico… pero así es el viaje.

Vuelvo a retomar la lectura caminada y disfruto bastante con “Kassel no invita a la lógica” de Vila-Matas. Me parece que he estado vagabundeando por los pabellones y ahora es momento de retomar el catálogo de la d13. Pero él siempre nos deja muchas otras cosas en sus páginas, muchos susurros para esta travesía que recorremos juntas: ” Y recuerdo que pensé en los esfuerzos de las revoluciones populares por darse a conocer, mientras que en cambio los grupos sigilosos, como aquel del bosque de Kassel o bien los que se formaban en guerrillas ocasionales, jamás habían tendido a ser fotografiadas o dejar huella. (…) todos los grupos volátiles, situacionistas según como se mirara, generaban en cambio afectos, sensaciones comunes que no requerían un marco en la pared.” Sigamos caminando.

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La transición también toma su nombre de las “comunidades de transición” un término que apareció en un trabajo de permacultura que Rob Hopkins diseñó en conjunto con los estudiantes del Centro de Formación Profesional de Kinsale por medio del ensayo “Plan de Acción de descenso de Energía “. Ellos crearon un “mapa de ruta” para un futuro sostenible de la ciudad a través de una serie de adaptaciones en los ámbitos de la producción de energía, la salud, la educación, la economía y la agricultura. Uno de sus estudiantes, Louise Rooney, se dedicó a desarrollar y divulgar el concepto de comunidades de transición. Presentó su propuesta al Ayuntamiento de Kinsale resultando en la histórica decisión de aprobar este plan para trabajar en pro de la independencia energética.

El objetivo principal del proyecto es dar a conocer un modo de vida sostenible y desarrollar la resiliencia local para ello en el futuro próximo. Se anima a las comunidades a buscar métodos para reducir el uso de energía, así como a aumentar su propia autosuficiencia. Un lema del movimiento es “Alimentos a pie, no alimentos a millas”. Las iniciativas hasta ahora han incluido la creación de huertos comunitarios para el cultivo de alimentos, empresas de intercambio de residuos, e incluso la reparación y reciclaje de objetos antiguos en lugar de tirarlos a la basura. Otro objetivo compartido con ellos es que el trabajo de transición exterior debe ir acompañado de una transición interna. Con el fin de avanzar en las vías de descenso de energía de manera eficaz tenemos que reconstruir nuestras relaciones con nosotros mismos y con el mundo natural.
Si alguien quiere saber más, mañana 6 de junio a partir de las 18:30hs estarán en Casa Encendida.