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Serge Tanneur es un prestigioso actor que decide retirarse de su profesión, desilusionado de sus compañeros y trasladarse a la isla de Ré, donde inicia una vida de aislamiento personal en contacto con la naturaleza. Tres años después un colega de televisión, Gauthier Valence, le ofrece el papel principal en El misántropo de Molière. Tanneur le propone que ensayen juntos, durante cinco días, para tomar la decisión. Es el argumento de la película francesa Molière en bicicleta (2013). Ensayar Alceste, seguir el ensayo para aprender una canción, ensayar cómo montar en bicicleta sin caerse, caminar, dibujar, crecer, estar en el mundo. Septiembre amanece antes de tiempo y las aulas tienen algo ajeno, desierto. Pero potencian este deseo: ensayar-entrenar.

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La distancia, aunque sea la misma, nunca se percibe igual. Después de una noche sin dormir los kilómetros parece que se multiplican. Las bibliotecas municipales también tienen dvds, algunas colecciones un tanto aleatorias en las que encontramos películas de las que no tuvimos idea (pese a haber ganado el León de Oro de Venecia). Una de ellas es Naturaleza Muerta, dirigida por Jia Zhangke en el año 2006. Además de mi atracción por este país se sumaba en este caso su relación con Wuhan (la ciudad en la que viví hace ya cuatro años). Fengjie es un pueblo de las orillas del río Yangtsé, afectado por la construcción de la Presa de las Tres Gargantas. La película cuenta la historia de un minero que viaja buscando a su ex mujer y a su hija, a las que no ha visto en 16 años. Las imágenes de esta ciudad, cubierta de agua, en la que todavía no ha comenzado la construcción, nos muestra los paralelismos entre las historias humanas y la obra pública que deja enterrada en el agua ciudades con cientos de años de antigüedad y más de un millón de personas desplazadas por un proyecto de reasentamiento que me pregunto cómo dialoga con las macrocifras: miles de toneladas de hormigón para hacer una presa de 3035 metros de ancho y 185 metros de alto, un canal de desagüe, una central eléctrica con 26 generadores, cinco esclusas de navegación permanente… es decir, el mayor proyecto hidroeléctrico del mundo. Sanming se reencuentra con su mujer y vuelven a empezar la relación; la enfermera Shen Hong se abraza y despide definitivamente de su marido, delante de las Tres Gargantas y entonces empiezan a bailar.

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Aruitemo, Aruitemo ó Still Walking, es una película de Hirokazu Kore-eda (Japón, 2008) que marca mis pasos en esta etapa, dejando a la peregrina cargada de reflexiones sobre el mapa emocional que dibujamos los seres humanos. Confluyen aquí diversos tiempos (la muerte del hijo mayor 15 años atrás, las nuevas parejas, el encuentro de los hermanos) las estampas de vidas que se presentan, de individuos que han dejado de verse y no logran actualizar sus vínculos, de espacios fallidos en la comunicación o estructuras que se han anquilosado a la hora de considerar qué es aquél constructo al que llamamos “familia”… y también un abanico de emociones que desvelan una serie de personajes complejos: doloridos, crueles, indefensos. El tempo lento, casi detenido y el disfrute de las escenas (como las instrucciones detalladas para preparar una tempura), la fotografía, los paisajes, las formas, las luces, los sonidos y sin embargo el poso de la belleza nutre las reflexiones que nos propone esta película: even if you walk and walk.

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Clásicos si, sumando carencias y placeres a los que estoy llegando este verano, ahí está Tarkovsky con su SACRIFICIO una película tan bella que me deja con ganas de ver las otras seis que rodó. Alexander nos explica la importancia de seguir un ritual: “Ahora, pequeño, tienes que venir a ayudarme. Hace ya muchísimo tiempo, un monje de un monasterio ortodoxo, plantó un árbol seco en la montaña. Era igual que éste, y le dijo a su discípulo que regara el árbol cada día hasta que cobrara vida…por favor, acércame esas piedras… Y desde entonces, todos los días por la mañana, temprano, subía la montaña con un cubo de agua y al atardecer volvía al monasterio. Así lo hizo durante tres años, hasta que un maravilloso día, cuando fue a regar su árbol, como siempre hacía, vio algo excepcional: Toda su copa se hallaba cubierta de hermosas flores.
Digan lo que digan, esa manera de proceder, puede darte resultados extraordinarios, es decir, que si todos los días, a la misma hora, sistemáticamente, hiciéramos lo mismo, estableciendo un ritual, el mundo sin duda alguna cambiaría, estoy absolutamente convencido de ello
.” Esta travesía también se propone, a lo largo del camino, metódicamente, cambiar algo de nuestro mundo, replantearnos posiciones y buscar pequeños rituales estériles.

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El cine entra en la Travesía, con la SAL DE TIERRA (Salt of the Earth) una película del año 1951 dirigida por Herbert J. Biberman que me recomendó Beatriz y que está basada en un hecho real ocurrido en la mina Zinc Empire Company, ubicada en Nuevo México. La peli (un antecedente fundamental de cine independiente, vetada en USA) muestra la discriminación ejercida por la empresa hacia los obreros de origen mexicano: recibían sueldos inferiores a los estadounidenses, no tenían agua caliente y las condiciones de seguridad dejaban al descubierto lo poco que valía para la compañía sus vidas. Esta situación provocó una larga y difícil huelga e hizo emerger que la desigualdad también se reproducía en el seno de las familias obreras. La igualdad no es un concepto etéreo, viene a transmitir la película, sino una lucha constante que hay que empezar y mantener, 2014 and go on. Esta película te hacer creer que tal vez, igual que ellos, al estar unidas, algo se puede cambiar y como dice Esperanza “La casa no es nuestra, pero las flores si”.

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Aunque Javier Cruz me pasó un plano que aseguraba que se podía llegar caminando a Móstoles, todavía no me he animado a enfilar los kilómetros más allá de la Casa de Campo… Así que el metro me traslada para asistir al taller de Alejandra Riera, que nos habla de “los equilibrios frágiles” y “sanar a las instituciones” en el contexto de estas Jornadas de la Imagen dirigidas por Carles Guerra. Encontrarse con la confusión, con la falta de nitidez o el desbarrar como una metodología de trabajo que permita que emerjan los cuerpos más allá de las estructuras rígidas de aquello que queremos decir con urgencia. Esto lo aporta la experiencia, porque el guión no está cerrado, ni los encuadres: la vida pasa… “pasa la viiiiiiiiiiiiidaaaaaaa”… está de “pasaje”.

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” Le dije a usted, cuando me pidió permiso para ejercer de escritor en el pueblo, que era mejor que hiciese lo que hacen los otros sudamericanos, que unos días van en bici y otros huelen bien. […] Y ahora me dicen que ha escrito usted Luz de agosto, la novela de Faulkner, ¡de William Faulkner! […] ¿es que no sabe que en este pueblo es verdadera devoción lo que hay por Faulkner?” Me sigo riendo con los diálogos de Amanece que no es poco… no tanto con el Faulkner de Mientras agonizo, que me acompaña en la breve ruta que transito hoy por Móstoles. Su desolación y mi cansancio, unen el peregrinaje para dar sepultura a Addie y el dispositivo documental en acción: “Condenado camino. Y va a llover, además. (…) Ahí está el camino, justo hasta mi puerta, para que cualquier mal fario de los que van y vienen llegue hasta aquí. Le dije a Addie que no daba ninguna buena suerte vivir junto a un camino, que esté tan cerca. Y ella, como mujer que es, dijo: “Entonces carretera y manta” Pero lo que yo le decía es que no daba ninguna buena suerte, porque el señor hizo los caminos para ir de un sitio a otro; ¿Para qué, si no, los iba a poner en la tierra? Cuando decide que algo esté siempre moviéndose, lo hace alargado, como un camino o un caballo o una carreta, pero cuando decide que algo se esté quieto, lo hace que sea de arriba abajo, como un árbol o un hombre.”