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El proyecto Depression Era reúne a más de 15 artistas y comisarios griegos con la siguiente premisa: “Este proyecto nos pilla fuera de los fines felices. Navega, fuera de los abiertos finales inocentes, inmerso en un mundo en profunda crisis humanitaria, de paisajes en ruina, inseguridad, democracias partidas y una cultura cotidiana desesperanzada. Nuestro primer objetivo es la claridad, en un presente de confusión, política, histórica y social. Un experimento de narración colectiva aparece, conectando momentos significativos y documentando historias aún sin contar en un mosaico de imágenes y textos. Esclarecer la maraña con este trabajo, sin mirar al futuro, en forma de progreso, a la idea de crecimiento, pero manteniéndonos juntos en los Comunes, nivelados y rotos, más allá del ruido de la revuelta pornográfica, las compras, el nuevo feudalismo, las especulaciones de los especialistas, los medios de comunicación fracasados, el análisis paralizante, el urbanismo de photoshop y la crisis continua, a horcajadas de la línea roja que divide Europa, construyendo un arco de imágenes y textos (un mosaico de lentes: una anti-pantalla: un museo en el camino: un mirador a las formas por venir), mientras Occidente naufraga en una auténtica época de la Depresión.” Estoy llegando a destino, encontrar aliados era uno de los objetivos. Las fotos de los últimos días son de algunos de estos trabajadores materiales: Pavlos Fysakis, Dimitris Rapakousis, Chrissoula Voulgari… Más Lintridis que nunca.

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Vivimos en Tetuán, casi enfrente de la mezquita. Nuestros vecinos son dominicanos, españoles, filipinos, árabes. Desde hace aproximadamente un mes un grupo de extrema derecha se ha instalado en la calle Juan de Olías. Llevan a cabo prácticas xenófobas y discriminatorias, practican la violencia (van dos palizas a inmigrantes) y actúan como atrayente para reconocidos neonazis que se refugian en siglas y proyectos supuestamente sociales. Estamos muy preocupados porque no se trata de un conflicto entre ellos y el CSO La Enredadera, sino de un retroceso en la construcción de una convivencia, bastante sana, en Tetuán. La Enredadera es buena para el barrio, es un espacio de encuentro en el que se practica la solidaridad y el apoyo mutuo. Es una red de personas que, al dejar de ser anónimas entre sí, se hacen invencibles frente al aburrimiento, frente al pesimismo, frente a la crisis. Cuando hoy llegamos a la Plaza de las Palomas parecía un polvorín, dos grupos separados por una calle, rodeados de policía nacional e injustamente equiparados por los medios de comunicación, estamos asistiendo a una infamia con visos trágicos.
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Los cantares mediocres de nuestros gobernantes nos dejaron la moraleja culpabilizadora de que habíamos vivido por encima de nuestras posibilidades. ¿Cuáles son nuestras posibilidades?  ¿Cuáles se avecinan? Hace siete años Nacho compró un coche, el Roomster, que llegó a París, que transportó a Lena en su primer trayecto motorizado desde el Hospital, que conocía la ruta a Salamanca y la de Rodiles-Villaviciosa casi de memoria. Ida y vuelta a Pozuelo, a Infantes, la mudanza de San Marcelo a Bravo Murillo y una banda del Gauchito Gil que nos protegía en las carreteras. Pero estaba por encima de nuestras posibilidades, así que el pasado lunes lo vendimos, no car.

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Estoy leyendo (con cierta distancia) a Zygmunt Bauman y su libro Comunidad. Hay que reconocer que identifica ciertos aspectos de nuestra realidad, concretamente de algunos barrios que vislumbramos cruzando el curso del Manzanares y adentrándonos en el anillo ciclista (que los osados llaman verde). “El marco social del trabajo y el medio de vida no es, sin embargo, lo único que se está desmoronando. Todo lo que le rodea parece encontrarse en un torbellino. Citando otra vez a Sennett, el lugar en el que se desarrolla o se espera desarrollar la vida entera “crece de repente al toque de la varita mágica de un promotor inmobiliario, florece y empieza a declinar al cabo de una generación”. En semejante lugar (y cada vez más gente llega a conocer tales lugares y su amarga atmósfera por propia experiencia) nadie “se convierte en un testigo de por vida de la historia de otra persona”. (…) Se han acabado las antiguas y amables tiendas de ultramarinos de la esquina; si han logrado resistir la competencia del supermercado, sus propietarios, sus gestores, las caras al otro lado del mostrador cambian con demasiada frecuencia para que cualquiera de ellas albergue la permanencia que ya no se encuentra en la calle.” En este día de luto nacional, por la muerte del banquero, nos sumen en la perplejidad las declaraciones de dos políticos en el Congreso vinculando su figura (a favor y en contra) a la “marca España”. Parece que hay consenso: no habitamos una comunidad, ni un país, somos productos de una marca, de una franquicia patética y ahora sólo está en juego que el sepulturero elija dónde poner nuestro logo.

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Volver a los clásicos, leer La Odisea, familiarizarse de nuevo con su prosa, respetar un canto diario (aunque a veces fue inevitable avanzar un poco más, Javi, yo también me lo estoy pasando pipa!!). El retorno, el castigo, la hospitalidad, la desigualdad, el tiempo extendido de una vida (que veinte años no es nada), las relaciones, el orden, los afectos dentro de un marco. Hay un momento memorable en que el canto del aedo lastima a Penélope, ella le reprende: “deja ese canto cruel, que sin cesar me desgarra el corazón; porque me ha hincado muy a fondo una pena inolvidable.” Telémaco, su hijo, le responde con una airada defensa al “creador”: Madre mía, ¿por qué ahora le impides al muy fiel aedo que nos deleite, del modo en que le impulsa su mente? No son en nada culpables los aedos, sino que en cierto modo es Zeus el responsable, quien da a los mortales comedores de trigo lo que quiere y como quiere, a cada uno. No es motivo de indignación contra éste el que cante el triste final de los aqueos. Que los hombres celebran más el canto que les resulta el más novedoso a los oyentes. Que tu corazón y tu ánimo se armen de valor para oírlo. Pues no fue Odiseo el único que perdió el día del regreso en Troya, sino que también muchos otros guerreros allí perecieron. La odisea de aprender algo: en el camino se nos brindan muchas oportunidades y sin embargo estamos demasiado absortos o limitados por las circunstancias para reaccionar.

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Javi comparte con nosotros una entrevista que le hacen a Daniel Goldin, director de la biblioteca Vasconcelos y una de las mayores de Latinoamérica. A pesar de las preguntas tópicas, carentes de imaginación y bastante aburridas, que les suelen hacer a bibliotecarios, editores, feriantes o escritores en los últimos 15 años, del tipo ¿suponen las ediciones digitales la muerte del libro? ¿Se lee ahora más o menos que antes? etc. Goldin es capaz de atrapar nuestra atención con sus reflexiones: “en un mundo cada vez más construido por palabras escritas y crecientemente complejo, fomentar la lectura es facilitar mayores posibilidades de ser un ciudadano del mundo y de ser un poco más dueño de nuestras vidas. Participar en el presente, conocer el pasado, imaginar o construir futuros.” La lectura como posibilitadora de mundos, como una madre que nos ayuda a crecer y lo hace desde el deseo, no desde la represión ni la disciplina. Y a continuación una propuesta que asimila muchas otras actividades en la lectura: “Es importante fomentar un acercamiento a la palabra escrita desde una perspectiva más amplia en cuanto a los campos del saber y sobre todo que busque integrar lectura, escritura y conversación. Leer, escribir, conversar, supone releer, reescribir, revisar; algo que cualquier egresado de la escuela debería estar en condiciones de hacer. Sólo desde esta perspectiva se puede sostener el vínculo entre lectura y ciudadanía.” Y si, la sociedad cambia, en nuestras relaciones sociales y afectivas ya coexisten los encuentros virtuales y presenciales de otro modo, con sus propios códigos, entonces: “¿Por qué suponer que el vínculo con el libro va a ser fijo? Lo que permanece es la insatisfacción con lo real, la necesidad de informarse, el deseo de saber, la rebeldía contra nuestra condición o contra el mundo… Es ahí donde debemos centrar la atención.” Un nuevo motivo para visitar pronto el DF: una biblioteca más, otro aliado lúcido.

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Nunca he sido muy fans de John Berger, sin embargo Beatriz me recomendó la lectura de su trilogía Into their labours (De sus fatigas) y comienzo con Puerca Tierra, un texto del año1979, posicionado políticamente, con personajes complejos como la Cocadrille y reflexiones que nos dan que pensar en la disyuntiva que planteaba unas etapas atrás entre la ciudad y el campo. Berger nos recuerda que un campesino intacto era la única clase social con una resistencia interna hacia el consumismo. Desintegrando las sociedades campesinas se amplía el mercado. Nadie en su sano juicio puede defender la conservación y mantenimiento del modo de vida tradicional del campesinado. El hacerlo equivaldría a decir que los campesinos deben seguir siendo explotados y que deben de seguir llevando unas vidas en las cuales el peso del trabajo físico es a menudo devastador y siempre opresivo (…). Sin embargo, despachar la experiencia campesina como algo que pertenece al pasado y es irrelevante para la vida moderna (…) es negar el valor de demasiada historia y de demasiadas vidas. El papel histórico del capitalismo es destruir la historia, cortar todo vínculo con el pasado y orientar todos los esfuerzos y toda la imaginación hacia lo que está a punto de ocurrir. Por eso el capital, para expandir la práctica del consumismo, ha prestado su lógica para la categorización como atrasados (es decir, portadores del estigma y la vergüenza del pasado) de aquellos a quienes el propio sistema se encarga de empobrecer. ¿Qué conciencia y qué relato se construyen de sí mismos mis actuales vecinos de la tierra asturiana? Hoy era día de mercado en la Villa. Normalmente los miércoles había mucha actividad, los aldeanos bajaban sus productos… pero desde hace años está en decadencia y se reduce a una hilera de puestos. Los paisanos son una mezcla de jóvenes concienciados con rastas y formación, que “han vuelto al campo” (no se muy bien si como pasatiempo o modo de subsistencia) y una serie de mujeres mayores (principalmente) que ofrecen tomates, berenjenas, berzas, calabacines, cebollas, pequeñas manzanas, algunas patatas, legumbres y algún ramillete con flores.