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Estoy leyendo (con cierta distancia) a Zygmunt Bauman y su libro Comunidad. Hay que reconocer que identifica ciertos aspectos de nuestra realidad, concretamente de algunos barrios que vislumbramos cruzando el curso del Manzanares y adentrándonos en el anillo ciclista (que los osados llaman verde). “El marco social del trabajo y el medio de vida no es, sin embargo, lo único que se está desmoronando. Todo lo que le rodea parece encontrarse en un torbellino. Citando otra vez a Sennett, el lugar en el que se desarrolla o se espera desarrollar la vida entera “crece de repente al toque de la varita mágica de un promotor inmobiliario, florece y empieza a declinar al cabo de una generación”. En semejante lugar (y cada vez más gente llega a conocer tales lugares y su amarga atmósfera por propia experiencia) nadie “se convierte en un testigo de por vida de la historia de otra persona”. (…) Se han acabado las antiguas y amables tiendas de ultramarinos de la esquina; si han logrado resistir la competencia del supermercado, sus propietarios, sus gestores, las caras al otro lado del mostrador cambian con demasiada frecuencia para que cualquiera de ellas albergue la permanencia que ya no se encuentra en la calle.” En este día de luto nacional, por la muerte del banquero, nos sumen en la perplejidad las declaraciones de dos políticos en el Congreso vinculando su figura (a favor y en contra) a la “marca España”. Parece que hay consenso: no habitamos una comunidad, ni un país, somos productos de una marca, de una franquicia patética y ahora sólo está en juego que el sepulturero elija dónde poner nuestro logo.

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Parece que la actividad empieza a disminuir y llega mi momento de ponerme al día con las exposiciones madrileñas. Decido visitar primero Playgrounds. Reinventar la plaza en el Reina Sofía. Sólo llego a la mitad, volveré mañana a terminarla: me enredo en las reflexiones y las interpelaciones que se me hacen, como peregrina de esta travesía: la necesidad de rescatar una imaginería de lo maravilloso, los parques y jardines dedicados al juego infantil en los miles de junk playgrounds documentados por Nils Norman. Reunir todo tipo de chatarra para que los niños puedan trabajar dice Carl Theodor Sorensen, “por supuesto tendría una apariencia espantosa”. Y sin embargo “en los desechos del mundo nace un mundo nuevo: nacen leyes donde no hay ley” le respondería Pasolini. Son estos nuestros solares, nuestros terrenos baldíos, los descampados en los que poder reintegrar la potencia de la experiencia del descanso, tan degradada por nuestro trabajo a tiempo completo como agentes económicos…

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“Aquí no hay agua sino sólo roca
roca y no agua y el camino arenoso
el camino que serpentea arriba entre las montañas
que son montañas de roca sin agua
si hubiera agua nos detendríamos a beber
en la roca uno no puede pararse ni pensar
el sudor está seco y los pies sobre la arena
si al menos hubiera agua entre la roca
muerta boca de montaña de dientes cariados que puede escupir
aquí no puede uno ni pararse ni acostarse ni sentarse
ni siquiera hay silencio en las montañas
sino seco trueno estéril sin lluvia
ni siquiera en las montañas hay soledad  
sino sombríos rostros rojos que gruñen y sonríen con desprecio
desde puertas de casas de barro agrietado
si hubiera agua
y no roca
si hubiera roca
y también agua
y agua
un manantial
un charco entre la roca
si al menos hubiera el rumor del agua
no la cigarra
y la hierba seca cantando
sino rumor de agua sobre una roca
donde el zorzal ermitaño canta en los pinos
plip plop plip plop plop plop plop
pero no hay agua
¿Quién es el tercero que siempre camina a tu lado?
Si cuento, sólo estamos tú y yo juntos
pero cuando miro adelante por el sendero blanco
siempre hay otro caminando a tu lado
deslizándose envuelto en un pardo manto, encapuchado
no sé si hombre o mujer.”
Una de las búsquedas en esta travesía era encontrar descampados, lugares abandonados, espacios para la ocupación. Por eso la recomendación de Beatriz del poema de T.S. Eliot Tierra Baldía sonaba tan apetecible y adecuada. (Pequeño paréntesis: ¡¡agradezco cualquier referencia o recomendación bibliográfica que se les ocurra mientras van leyendo estas páginas, bienvenidos los comentarios!!). Cogí de la biblioteca de mi barrio un ejemplar de Cátedra, de bolsillo, bastante feo, aunque era una buena edición comentada que me vino de perlas, porque el texto me resultó críptico y tardé bastante en asimilarlo (si es que lo he hecho). Pero este pasaje aquí compartido me ganó…