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Diálogos recurrentes que me fascinan y que hoy traigo en asociación. El clásico A través del espejo:

-Cuando yo empleo una palabra- insistió Humpty Dumpty en tono desdeñoso- significa lo que yo quiero que signifique…, ¡ni más ni menos!

-La cuestión está en saber –objetó Alicia- si usted puede conseguir que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes.

-La cuestión está en saber –declaró Humpty Dumpty- quien manda aquí… (Carroll, 2010: 316)

Por otro, leyendo el TFM de Elisa González, encontramos la Autoentrevista desarrollada por Craig-Martin para esclarecer las posibles dudas que pueda tener el espectador en el momento de entender su obra An Oak Tree (un roble), el famoso vaso de agua:

P: Pero el roble sólo existe en la mente.

R: No. El auténtico roble está físicamente presente, pero en forma de vaso de agua. Así como el vaso de agua era un vaso de agua en concreto, el roble también es uno en concreto. Concebir la categoría de “roble” o dibujar un roble en concreto significa no entender ni experimentar lo que parece ser un vaso de agua como un roble. Es algo tan imperceptible como inconcebible.

P: Ese roble en concreto, ¿existió en algún otro lugar antes de tomar la forma del vaso de agua?

R: No. Este roble en concreto no existió previamente. También

debería puntualizar que ni tiene ni tendrá jamás cualquier otra forma que no sea la de un vaso de agua.

P: ¿Durante cuánto tiempo continuará siendo un roble?

R: Hasta que lo transforme. (Craig-Martin, 2000: 34)

Las cosas no responden a su nombre, ahí se abre algún sentido.

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Descubrimientos del final del verano. La gramática parda, de García Hortelano tiene un humor similar al de Amanece que no es poco. -¿No te parece que te has comportado de una manera heroica pero insufrible? -Simplemente digna. -Yo, tú lo sabes, estoy de tu parte. A mí me parece que, teniendo medios para tener vocación, la vocación de una persona es lo más principal. Pero también hay que comprender que a tu madre le asuste que te hayas empeñado en ser Flaubert y sólo Flaubert. No se puede derrochar tanta cerrilidad, amor mío, sobre todo cuando lo que una pretende es una insensatez. Eres muy extremista, pequeña, las cosas como son. (…) -Yo considero que es un oficio penosísimo, pero maleable. Estoy mirándome al espejo. Para darte mi opinión sincera, a mí me parece un mal oficio, lleno de desventajas, de sufrimientos, de frustraciones, de negruras, que lo único que va a proporcionarte el día de mañana es fama y dinero. En fin, ni siquiera un oficio. A mi me parece una desgracia. Pero eso sí, una desgracia maleable. La radicalidad de ser Flaubert y no la Sagan, hasta cuándo puede uno ser cómplice o debe dejar de serlo. ¿Te expulsan las instituciones o en un momento dado o decides que lo mejor es estar al margen, no participar, no integrar una comisión de calidad que calla para mantener el estatus quo?

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En aquél encuentro, hace ya un par de meses, en casa de Carmen y Raúl, las hermanas Almela me recomendaron algunos títulos que quedaron anotados en el cuaderno de viaje. Comienzo con Gonzalo Hidalgo Bayal y su Campo de amapolas blancas, que se anuncia como un espacio para recuperar el pasado, que nace del ejercicio consciente e intelectual de la memoria de una amistad verdadera y perdida. “Seguía siendo un muchacho sin importancia colectiva, dijo, exactamente un individuo.” Alejarse de amigos queridos es algo que nos ocurre algunas veces en la vida, por circunstancias varias, rumbos paralelos o intensidades distintas, es un camino conocido, que deja un poso de melancolía. Campo de amapolas blancas es un viaje triste, de estaciones lentas, de desalientos, de caminos a ninguna parte. El dolor del padre, la ternura que nos produce H. con su descubrimiento: si la lluvia y el fuego son los únicos elementos verdaderamente cosmológicos y por tanto poéticos, difícilmente podremos comprenderlos, pero podemos intentar indagar en ellos. “(…) sé que fue a partir de Bouville cuando empezó a subrayar en todos los libros las referencias a la lluvia, palabras de lluvia, la expresión de la lluvia, y a coleccionar un profuso catálogo de frases con lluvia, con llovizna, con llover. (…) seguimos con las lecturas de Sastre y de Camus, averiguamos que jóvenes desesperados se arrojaban al Sena con ejemplares de La náusea en el bolsillo y aprendimos a resumir el mundo en una frase: “Los hombres mueren y no son felices.“ Cuando en las posturas adolescentes se posan los años las frases despojan algunos cuerpos.

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Nacho me regala, por mi cumpleaños, dos títulos de Houellebcq, Las partículas elementales y Plataforma. La sensación, después de leerlos, es algo ambigua. En un principio me parecía que era un autor que respondía a la  construcción de un producto literario, una fórmula que aúnaba todos los ingredientes de ocio-entretenimiento: una historieta bien documentada, relaciones personales, algo de cinismo, descripciones erótico-festivas… un punto pesimista, oscuro, nihilista en cierto sentido. Todo en su justa proporción. Sin embargo las historias dejan poso: los personajes principales, tarados a nivel emocional, incapaces de empatía, de compartir, de afectividad, nos encaran con una interrogación. En el caso de Plataforma, Michel, trabajador del Ministerio de Cultura intenta ordenar sus pensamientos: “Mis sueños son mediocres. Como todos los habitantes de Europa occidental, quiero viajar. Bueno, hay que tener en cuenta las dificultades, la barrera del idioma, la mala organización de los transportes de grupo, los peligros de volar y de que a uno lo estafen, para decirlo en plata, en el fondo lo que yo quiero es hacer turismo. Cada cual tiene los sueños de los que es capaz, y mi sueño es encadenar al infinito los “circuitos de la pasión” las “vacaciones en color” y los “placeres a la carta”, por mencionar los temas de tres catálogos de Nouvelles Frontieres.” Pero lo que queda al descubierto son las tramas del turismo sexual, la explotación de los poderosos y la prostitución como última mercancía, una salida para unas relaciones humanas que se han vuelto demasiado complejas, si la comunicación no es posible o no cumple las expectativas de igualdad, la claridad del dinero aporta luz y  simplicidad a los nuevos intercambios.
Las partículas elementales, nos dan una clave en ficción científica para pensar la estructura de esta travesía que estoy escribiendo en pequeñas etapas: “Las historias coherentes de Griffiths se introdujeron en 1984 para reunir las medidas cuánticas en narraciones verosímiles. Una historia de Griffiths se construye a partir de una serie de medidas tomadas más o menos al azar en momentos diferentes. Cada medida expresa que una determinada cantidad física, diferente de una medida a otra se encuentra comprendida, en un momento dado, dentro de una determinada escala de valores. (…) Entre las historias del mundo que son posibles en un marco experimental determinado, algunas pueden reescribirse en la forma normalizada de Griffiths, se llaman, entonces, historias coherentes de Griffiths, y en ellas es como si el mundo se compusiera de objetos aislados, dotados de propiedades intrínsecas y estables. No obstante, el número de historias coherentes de Griffiths que pueden reescribirse a partir de una serie de medidas es, por lo general, bastante superior a uno. Tú tienes conciencia de tu yo; esta conciencia te permite emitir una hipótesis: la historia que eres capaz de reconstruir a partir de tus propios recuerdos es una historia coherente, que justifica el principio de narración unívoca. Como individuo aislado, empeñado en existir durante cierto lapso de tiempo, sometido a una ontología de objetos y propiedades, no te cabe la menor duda sobre este punto: se te puede asociar, necesariamente, una historia coherente de Griffiths.” Es más que literatura ociosa o “mejor vendida” aunque lo que muestre no me agrade.

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Volver a los clásicos, leer La Odisea, familiarizarse de nuevo con su prosa, respetar un canto diario (aunque a veces fue inevitable avanzar un poco más, Javi, yo también me lo estoy pasando pipa!!). El retorno, el castigo, la hospitalidad, la desigualdad, el tiempo extendido de una vida (que veinte años no es nada), las relaciones, el orden, los afectos dentro de un marco. Hay un momento memorable en que el canto del aedo lastima a Penélope, ella le reprende: “deja ese canto cruel, que sin cesar me desgarra el corazón; porque me ha hincado muy a fondo una pena inolvidable.” Telémaco, su hijo, le responde con una airada defensa al “creador”: Madre mía, ¿por qué ahora le impides al muy fiel aedo que nos deleite, del modo en que le impulsa su mente? No son en nada culpables los aedos, sino que en cierto modo es Zeus el responsable, quien da a los mortales comedores de trigo lo que quiere y como quiere, a cada uno. No es motivo de indignación contra éste el que cante el triste final de los aqueos. Que los hombres celebran más el canto que les resulta el más novedoso a los oyentes. Que tu corazón y tu ánimo se armen de valor para oírlo. Pues no fue Odiseo el único que perdió el día del regreso en Troya, sino que también muchos otros guerreros allí perecieron. La odisea de aprender algo: en el camino se nos brindan muchas oportunidades y sin embargo estamos demasiado absortos o limitados por las circunstancias para reaccionar.

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Nunca había leído nada de Marta Sanz, pero con la recomendación de Javier Pérez Iglesias, llego a la reedición revisada de La lección de Anatomía publicada por Anagrama. En esta novela, de una autora que pasa los 40 años y presenta su biografía, podemos reconocer muchos lugares comunes, de nuestra infancia, nuestros miedos, deseos, frustraciones y mezquindades. Si, todos tenemos “nuestra personalidad” pero como el ADN es un espacio mínimo el de la diferencia, tal vez un puñado de elecciones es lo único que nos determina. No puedo dar ni un paso. Sólo avanzo por la distancia que separan las palabras intentando entender la travesía hacia una transición que no termina de llegar. El dinero, también el que uno mismo gana, incide en las vivencias y en la posibilidad de crecer (…) Años más tarde, en el momento adecuado, entorno los ojos y pienso en el precio que se paga por el dinero y en que siempre se es independiente respecto a alguien: un país o una patria, una familia, un padre, una madre, un maestro, un aya, un criado, una sirvienta, un marido, una esposa, un amante o una amante, un hijo, una hija, un médico o una médica, un agonizante, una moribunda, una empresaria, un patrón. Cada cual debería decidir qué independencias son las que quiere proclamar. La lección está servida.

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Xavier de Maistre, escribe su Viaje alrededor de mi habitación en 1794.

…dignaos acompañarme en mi viaje; marcharemos a cortas jornadas, riéndonos a lo largo del camino de los viajeros que han visto Roma y París; ningún obstáculo podrá detenernos; y abandonándonos alegremente a nuestra imaginación, la seguiremos por todas partes adonde le plazca llevarnos. ¡Hay tantas personas curiosas en el mundo! 

(…) Ninguno hay más atrayente, a mi ver, que seguir la pista de las ideas, como el cazador sigue los rastros de la caza, sin la afectación de perseguir ninguna senda. Así, cuando viajo por mi cuarto, rara vez recorro una línea recta: voy desde la mesa hacia un cuadro colocado en un rincón; desde allí me dirijo oblicuamente para ir a la puerta; pero aunque al partir, mi intención era seguramente la de ir allí, si encuentro mi butaca en el camino, no me ando con remilgos y me siento cómodamente en seguida. Es un mueble excelente una butaca; es, sobre todo, útil para todo hombre meditativo. 

Tan solo nos separan 220 años, presente continuo. Sale el sol y recorro 16 kms para buscar una tarta de queso riquísima que comimos en un chiringuito de Selorio hace un par de años, misión fallida.