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Nunca he sido muy fans de John Berger, sin embargo Beatriz me recomendó la lectura de su trilogía Into their labours (De sus fatigas) y comienzo con Puerca Tierra, un texto del año1979, posicionado políticamente, con personajes complejos como la Cocadrille y reflexiones que nos dan que pensar en la disyuntiva que planteaba unas etapas atrás entre la ciudad y el campo. Berger nos recuerda que un campesino intacto era la única clase social con una resistencia interna hacia el consumismo. Desintegrando las sociedades campesinas se amplía el mercado. Nadie en su sano juicio puede defender la conservación y mantenimiento del modo de vida tradicional del campesinado. El hacerlo equivaldría a decir que los campesinos deben seguir siendo explotados y que deben de seguir llevando unas vidas en las cuales el peso del trabajo físico es a menudo devastador y siempre opresivo (…). Sin embargo, despachar la experiencia campesina como algo que pertenece al pasado y es irrelevante para la vida moderna (…) es negar el valor de demasiada historia y de demasiadas vidas. El papel histórico del capitalismo es destruir la historia, cortar todo vínculo con el pasado y orientar todos los esfuerzos y toda la imaginación hacia lo que está a punto de ocurrir. Por eso el capital, para expandir la práctica del consumismo, ha prestado su lógica para la categorización como atrasados (es decir, portadores del estigma y la vergüenza del pasado) de aquellos a quienes el propio sistema se encarga de empobrecer. ¿Qué conciencia y qué relato se construyen de sí mismos mis actuales vecinos de la tierra asturiana? Hoy era día de mercado en la Villa. Normalmente los miércoles había mucha actividad, los aldeanos bajaban sus productos… pero desde hace años está en decadencia y se reduce a una hilera de puestos. Los paisanos son una mezcla de jóvenes concienciados con rastas y formación, que “han vuelto al campo” (no se muy bien si como pasatiempo o modo de subsistencia) y una serie de mujeres mayores (principalmente) que ofrecen tomates, berenjenas, berzas, calabacines, cebollas, pequeñas manzanas, algunas patatas, legumbres y algún ramillete con flores.

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Y algunas os preguntaréis cómo es que me acompañan tantos libros en esta Travesía de Transición y es que además de poder decir con alegría que ¡he recuperado la lectura! ¡qué estaba sedienta por escuchar! en estas páginas de Vila-Matas hallé otra parte de la respuesta: En mi caso, no entender nada no es un problema. No sólo paso a limpio mentalmente las crónicas o libros que no entiendo sino que, además, la incomprensión la he convertido en mi poética literaria. Cargo de sentido la sensación de absurdo que da la vida y, de paso, considero que lo esencial de la realidad se encuentra en los libros. Aunque no he entendido nunca nada de este mundo (y en cambio, no se por qué, entiendo perfectamente lo que estoy ahora escribiendo), aunque no he entendido nunca por qué vivo ni tampoco por qué un día estaré muerto, aunque no he entendido nunca nada, yo he seguido siempre adelante buscando y encontrando en la literatura, y paradójicamente en el absurdo mismo, el sentido del mundo. (Vila-Matas, El viento ligero en Parma, 2004) Si, en parques como La Dehesa es posible leer caminando a la sombra de los árboles.

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Me seduce el título Las diez mil cosas un libro publicado por Asteroide y cuya autora es María Dermôut y también leer algo de una escritora holandesa que  publica su primera novela con 63 años. Me gustan estos ejemplos de vida que nos recuerdan que el tiempo no corresponde únicamente a la «juventud», podemos seguir creciendo si nos lo proponemos. Este libro está repleto de rincones interiores, como el jardín de especias o los tesoros que la abuela guarda en el armario, historias de la dama del pequeño jardín y gente que busca algo moviéndose: Aquellos días empezó a hacer expediciones por toda la isla. En cuanto se marchaba se encontraba mejor: en un prao o, sobre todo, caminando, escalando los montes por rocas o precipicios… Nada le parecía demasiado empinado o lejano. Se bañaba y nadaba en todos los arroyos que cruzaba (…) En aquellas salidas empezó Felicia a buscar antigüedades: objetos raros de porcelana y loza, muebles curiosos, objetos de cristal, en fin, de todo. Llevaba medicinas, como le había enseñado su abuela, y dinero.

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Walser llega, por todo lo alto a La Travesía: en mi segunda visita a Playgrounds en el Reina Sofía y en «una obra de teatro a pie» en el que junto a diez espectadores paseamos junto a Robert Walser, por el barrio, casi chino, de Usera.
El señor director o señor tasador dijo:
¡Pero siempre se le ve paseando!
Pasear -respondí yo- me es imprescindible, para animarme y para mantener el contacto con el mundo vivo, sin cuyas sensaciones no podría escribir ni media letra más ni producir el más leve poema en verso o prosa. Sin pasear estaría muerto, y mi profesión, a la que amo apasionadamente, estaría aniquilada. Sin pasear y recibir informes no podría tampoco redactar el más mínimo artículo, y no digamos toda una novela corta. Sin pasear no podría hacer observaciones ni estudios. (…) Un paseo está siempre lleno de importantes manifestaciones dignas de ver y sentir. De imágenes vivas de poesías, de hechizos y bellezas naturales bullen a menudo los lindos paseos, por cortos que sean. Naturaleza y costumbres se abren activas y encantadoras a los sentidos y ojos del paseante atento, que desde luego tiene que pasear no con los ojos bajos, sino abiertos y despejados si ha de brotar en él el hermoso sentido y el sereno y noble pensamiento del paseo
(Robert Walser, El paseo, 1917)
La propuesta teatral en movimiento de Marc Coellas y la compañía argentino-española La Soledad, en el Festival Fringe reúne a amantes incondicionales del escritor que en su afán de no desear nada y simplemente desaparecer, ingresó voluntariamente en el sanatorio de Herisau (Suiza), aunque nadie sabe si sufría una severa depresión o sólo quería apartarse del mundo y dedicarse a narrar lo mínimo, esa naturaleza que no necesita hacerse importante, porque “lo es”.

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En la etapa de hoy me he valido de la bicicleta!! ¿es trampa? La jornada comenzó visitando el declive de PHE con las expos de Telefónica y Casa de América y leyendo en El Cultural una reseña inesperada de Salón de Verano que hace Beatriz Espejo con cariñosas palabras para el equipo de Extensión ¡gracias! Por lo demás, Selina, en nuestro retorno a los clásicos me he estado informando: Gredos (José Manuel Pabón) vs. Cátedra (José Luis Calvo) y el tema de las traducciones de la Odisea que trata Borges: Ningún problema tan consustancial con las letras y con su modesto misterio como el que propone una traducción. Presuponer que toda recombinación de elementos es obligatoriamente inferior a su original, es presuponer que el borrador 9 es obligatoriamente inferior al borrador H -ya que no puede haber sino borradores. El concepto de texto definitivo no corresponde sino a la religión o al cansancio. (…) No hay un buen texto que no parezca invariable y definitivo si lo practicamos un número suficiente de veces. (…) la Odisea, gracias a mi oportuno desconocimiento del griego, es una librería internacional de obras en prosa y verso (…) Esa riqueza heterogénea y hasta contradictoria no es principalmente imputable a la evolución del inglés o a la mera longitud del original o a los desvíos o diversa capacidad de los traductores, sino a esta circunstancia, que debe ser privativa de Homero: la dificultad categórica de saber lo que pertenece al poeta y lo que pertenece al lenguaje. A esa dificultad feliz debemos la posibilidad de tantas versiones, todas sinceras, genuinas y divergentes. Recapitulando, los dos libros los encontramos en las Bibliotecas de la UCM ¿algún consejo de los demás peregrinos?

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Del autor de «Las partículas elementales», como él mismo dice en su libro «El mapa y el territorio» publicado por Anagrama en el 2010, todavía no había leído nada. Le precede la polémica y en realidad la sensación de estar ante una novela entretenida… ¿literatura de entretenimiento? Sin embargo los protagonistas de esta novela pertenecen al mundo del arte y muchas referencias hacen alusión a lugares comunes en el mundillo: desde el papel Hahnemühle a las ferias de arte, las revistas especializadas, Jeff Koons o Damien Hirst (en la imagen). Y es que el arte da para mucha novela (y culebrones), si Vila-Matas recrea una ficción a partir de la Documenta, Jed Martin, el protagonista de Houellebecq afectado por su incapacidad de entablar relaciones humanas, es un triunfador del mercado del arte y el capitalismo salvaje. Para Martin ser artista, en su opinión, era ante todo ser alguien sometido. Sometido a mensajes misteriosos, imprevisibles, que a falta de algo mejor y en ausencia de toda creencia religiosa había que calificar de intuiciones; mensajes que no por ello ordenaban de manera menos imperiosa, categórica, sin dejarte la menor posibilidad de escabullirte, a no ser que perdieras toda noción de integridad y de respeto por ti mismo. Estoy de acuerdo con Jordi Corominas que dice que en este libro hay un ensayo encubierto, en el que Jed reflexiona en conversación con su padre sobre las ilusiones y la labor artesanal de William Morris, lo rural como reducto de los privilegiados, el adiós a la antigua mirada ingenua que creía que un solo hombre era capaz de engendrar alternativas…

Estamos de nuevo ante la necesidad de ese n o s o t r o s, un nosotros que hoy por hoy se configura en Palestina, donde sólo está lo que no debiera entrar en ninguna narración: el horror.

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Lo bueno de no haber leído a los clásicos, como El Camino de Miguel Delibes, es hacerlo ahora. Pensando en la travesía, creí que habría un viaje a través de las páginas, que nos moveríamos por Cantabria, era tan sólo una expectativa. La evocación de una noche insomne en la que Daniel, «el Mochuelo» se pregunta por lo que significa «progresar en la vida», esas ambiciones de los padres (los hijos-proyecto que decía Mercedes R.) que no se sabe si alegran o amargan la vida de los vástagos. «Hijos -les dice el cura- todos tenemos un camino marcado en la vida. Debemos seguir siempre nuestro camino, sin renegar de él (decía don José). Algunos pensaréis que eso es bien fácil, pero, en realidad, no es así.» Fatalismo o responsabilidad para con la oportunidad de darle forma a nuestras propias vidas.

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La búsqueda de aliadas para compartir camino se va entretejiendo y Nanni Balestrini me «presenta» el «seminario Euraca» un proyecto de lectura y escritura de «eso que a veces se llamaba «poesía» y otras veces simplemente «Romance». Consiste, pues, en una investigación en las lenguas y lenguajes disponibles, los lectos y los procedimientos, las letras y los libros y en algo así como los commons líricos, para llegar a escribir en otros términos, más oportunos al presente, que opongan resistencia verbal local exuberante a tanta lengua muerta que se oye estos días por ahí.» Euraca lo coordinan María Salgado y Patricia Esteban y ha itinerado por Intermediae, Matadoiro, Cruce… convirtiéndose en un laboratorio colectivo. Después de la primera fiebre que experimenté leyendo sus objetivos y bajándome materiales, que espero ir procesando a lo largo del verano… sólo destacar dos ideas: se llaman Euraca porque está hecho en territorio PIIGS, una poesía pig que se pregunta por la nueva pobreza que acaba despectivamente en ca y que ya vivían antes otros. Euraca porque mira con fascinación las potentes poéticas que se hacen hoy en Argentina, en México, en Chile, en Perú, el cartonerismo, el pop, las resistencias de la lengua mapuche o, para el caso, del rap de las banlieus.

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Mi interlocutora privilegiada es Beatriz, que con sus referencias, hace saltar por los aires, literalmente, cualquier nicho de seguridad al que me pueda aferrar. En este caso la recomendación-regalada ha sido Nanni Balestrini, un autor italiano y luchador que inventa un método en el que lo aleatorio se une a lo elegido para conformar bellas poesías. La repetición y combinación de los párrafos van dotando de sentido los escenarios propuestos en Blackout un libro editado por Acuarela Libros. Ya desde el prólogo, nuestra posición se altera necesariamente: «(…) una obra auténtica (libro, cuadro, música) sirve para hacerte ver algo distinto o, mejor dicho, para cambiar tu modo de ver, de percibir las cosas y el mundo, sirve para iluminar tu mirada sobre aspectos de la realidad que te son desconocidos, para sacudirte por un instante de tu estado habitual de robot sonámbulo. Para despertarte, aunque sea por pocos instantes, dándote el vértigo de algo desconocido, que infringe las normas y las reglas en las que vives encajonado y anestesiado. Albergo serias dudas de que llegues realmente a tener una mirada nueva, amable lector. Estas páginas, podrán, así lo espero, dejarte vislumbrar que, detrás de las palabras de los periódicos y de la televisión, detrás de la violencia de la información mediática que casi siempre nos cuenta una versión deformada y falsa de las cosas del mundo, se abren abismos que revelan realidades ocultas e inquietantes. No tienes más que revolver un poco las líneas, desplazar el punto de vista, rechazar lo déjà vu…  No obstante, si por un casual te viniera alguna vez en la vida un impulso repentino e irresistible de romperlo todo, ójala por una vez no te contengas, deja que salgan las toneladas de violencia no expresada que durante tantos años te has estado tragando y enviando a la trituradora dentro de ti. Déjala explotar en un gesto demencial, que de solo pensarlo ahora te pone los pelos de punta: agarra una buena piedra y, con mucho cuidado de que nadie te vea, tírala hacia arriba con todas tus fuerzas contra, a tu elección: a) el careto del cartel publicitario; b) el semáforo rojo; c) la luna llena; d) el gato encima del muro; e) el banco de la esquina…»

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Mundo de roles, en este caso la paternidad. Me seduce un título en la biblioteca Cartas a mi hija de Scott Fitzgerald, que no pasa de un puñado de recomendaciones para una adolescente y la preocupación por el tipo de persona en que se convertirá (holgazana, seductora, responsable, caprichosa, presumida) aunque a veces sale a flote el escritor. Sin embargo me llama mucho la atención el modelo de paternidad que seguía Fitzgerald y eso que hablamos de la intelectualidad del país… Desde los 11 años el padre asume todos los gastos derivados de la educación y otras necesidades básicas y la correspondencia a su hija con una frecuencia casi mensual. No hablemos ya de los encuentros personales que tienen lugar un máximo de tres veces por año si entre medias no surgía un rodaje o alguna ocasión laboral que aplazara el encuentro. Esta situación se vivía sin ninguna sensación de desamparo hacia la menor y con la completa convicción de que se estaba haciendo «lo que se debía». Hay que aclarar que la madre en aquella época padecía una enfermedad por lo que tampoco estaba a cargo de la pequeña. Sería una estupidez por tu parte ganarse enemigas entre esas chicas. Por muy tontas y fanáticas que te parezcan ahora, algunas de ellas ocuparán posiciones de fuerza en esa sección. Tienes que mostrar cierta cortesía ante las ideas. No puedes desdeñar, ni cuestionar ni negar el hecho de que existe un movimiento organizado en todo el mundo ante el cual tú y yo, como individuos, somos menos que polvo. Un día que te sientas brava e insolente y no te hayan invitado a un acto de la universidad, lee el capítulo Das Kapital sobre «La jornada laboral» y dime si vuelves a ser la misma persona. Es inevitable el contraste con la despedida de su hijo que recoge Marquerie en el pliego que os leía la semana pasada: Mil aviones; se van y me joden las entrañas. Los aviones nunca me han gustado, no me dan miedo, pero me dan asco (…) Pero lo que más me jode es ver cómo se van y mucho más si tú vas dentro. Suena el teléfono: tu dulce voz de niño hombre. En el fondo no es nada nuevo, hablamos de la construcción de roles, del contexto de la época, de las costumbres y sin embargo puede ser una ocasión para pensar los vestidos que llevamos puestos, que no son inmutables.