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Vivimos en Tetuán, casi enfrente de la mezquita. Nuestros vecinos son dominicanos, españoles, filipinos, árabes. Desde hace aproximadamente un mes un grupo de extrema derecha se ha instalado en la calle Juan de Olías. Llevan a cabo prácticas xenófobas y discriminatorias, practican la violencia (van dos palizas a inmigrantes) y actúan como atrayente para reconocidos neonazis que se refugian en siglas y proyectos supuestamente sociales. Estamos muy preocupados porque no se trata de un conflicto entre ellos y el CSO La Enredadera, sino de un retroceso en la construcción de una convivencia, bastante sana, en Tetuán. La Enredadera es buena para el barrio, es un espacio de encuentro en el que se practica la solidaridad y el apoyo mutuo. Es una red de personas que, al dejar de ser anónimas entre sí, se hacen invencibles frente al aburrimiento, frente al pesimismo, frente a la crisis. Cuando hoy llegamos a la Plaza de las Palomas parecía un polvorín, dos grupos separados por una calle, rodeados de policía nacional e injustamente equiparados por los medios de comunicación, estamos asistiendo a una infamia con visos trágicos.
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Último día de entregas, rodeada de mujeres que me recuerdan cosas importantes, con sus Trabajos de Fin de Master. En esta ocasión es Patricia Leguina en Lo que no sé. aproximaciones hacia la imagen experiencial la que analiza los CsO (que no son Centros sociales Ocupados sino los Cuerpos sin Órganos) de Deleuze. Así que me voy rauda al Rizoma que me regaló Beatriz en Langreo para hacer memoria. Este libro, archicitado, tienen algo agotador para el que lo lee referido en contextos y citas de muy diversa índole y sin embargo su prosa nos cautiva e invita a evocarlo. Entre sus virtudes, pero tal vez también entre los problemas que suscita, está su función: abrir la puerta a realidades que tal vez el propio texto niega y tal vez ese sea mi caso, cuando intento entender algo de lo que hago en esta travesía, reflejándome en sus palabras y en mis deseos, lo que querría hacer. “No hacer nunca raíz, ni plantarla, aunque sea muy difícil no caer en esos viejos procedimientos. “Las cosas que se me ocurren no se me presentan por su raíz, sino por un punto cualquiera situado hacia el medio. Tratad, pues, de retenerlas, tratad de retener esa brizna de hierba que sólo empieza a crecer por la mitad del tallo y no la soltéis.” ¿Por qué es tan difícil? En realidad, ya es un problema de semiótica perceptiva. No es fácil percibir las cosas por el medio, ni por arriba ni por abajo, o viceversa, ni de izquierda a derecha, o viceversa: intentadlo y veréis como todo cambia. No es fácil ver la hierba en las palabras y en las cosas (de la misma forma, Nietzsche decía que un aforismo debía ser “rumiado”, toda meseta es inseparable de las vacas que la pueblan, y que también son las nubes del cielo). Se escribe la historia, pero siempre se ha escrito desde el punto de vista de los sedentarios, en nombre de un aparato unitario de Estado, al menos posible, incluso cuando se hablaba de los nómadas” La cita que hace Deleuze en el texto es de Kafka. El libro casi concluye con las siguientes recomendaciones: “¡no seáis ni uno ni múltiple, sed multiplicidades! ¡Haced la línea, no el punto! ¡Sed rápidos, incluso sin moveros! (…) Tened ideas cortas. Haced mapas, y no fotos ni dibujos. Sed la Pantera Rosa, y que vuestros amores sean como los de la avispa y la orquídea, el gato y el babuino.”

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La mayoría de los meandros se producen en el curso inferior del río. La erosión es mayor en el exterior de la curva donde la velocidad es mayor. La deposición de sedimentos se produce en el borde interior debido a que el río, desplazándose lentamente, no puede llevar su carga de sedimentos, creando un deslizamiento de la pendiente, llamado un punto bar. El movimiento más rápido en el exterior de la curva tiene más capacidad erosiva y el meandro tiende a crecer en la dirección hacia fuera de la curva, formando un pequeño acantilado o ribera recortada. Las raíces de los sauces están a menudo expuestas inferiormente lo que, finalmente, lleva a los árboles a caer. Esto muestra la circulación del río.

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Élisée Reclus fue un gran geógrafo. En 1869 escribe El Arroyo, una experiencia ejemplar de diálogo con la naturaleza y profunda relación con el paisaje, de excursionista consumado. La versión que leo tiene mareas, Eloar Guazzelli con sus dibujos logra mover las palabras del texto de Reclus, en la fantástica edición que MediaVaca publicó en 2001. Esa fascinación por el agua, en todas sus formas, la ría, los ríos, el mar, tan presente este verano, es un deleite en este texto, título imprescindible para incluir en la “Lenateca”. Y también yo, tranquilo espectador del arroyo y sus maravillas, puedo variar hasta el infinito el aspecto de la superficie líquida con sólo sumergir mi mano en la corriente. La paseo al azar y cada uno de sus movimientos modifica las ondulaciones de la cambiante capa. Las ondas, los remolinos y los borbotones se desplazan, todo el régimen del curso del agua varía a mi voluntad según la posición de mi brazo; esas olitas que se forman ante mis ojos las veo agruparse hacia la corriente, mezclarse con otras ondulaciones y, cada vez más débiles pero siempre reconocibles, propagarse hasta una curva del arroyo. La visión de todas estas ondas obedeciendo a la incitación de mi mano despierta en mi una especie de tranquila alegría mezclada con algo de melancolía. Las pequeñas ondulaciones que provoco en la superficie del agua se propagan a lo lejos y de ola en ola hasta un confín indiscernible. De igual modo toda idea vigorosa, toda palabra firme, todo esfuerzo en el gran combate por la justicia y la libertad repercute a menudo, sin que lo percibamos, de hombre en hombre, de pueblo en pueblo, y desde los tiempos remotos hasta el más lejano porvenir.

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Esta ha sido una semana lenta. Me entra curiosidad por saber de qué se trata la serie que ocupa la portada de Cahiers du Cinema (Julio-Agosto, 2014), Juego de tronos. Termino de ver la primera temporada, si bien es cierto que no me llaman la atención especialmente este tipo de sagas, es el máximo exponente de la actual narración audiovisual destinada al gran público y me interesa saber qué se está cociendo. Jordi Sánchez Navarro observa que “la serie refuerza esa idea de inmensidad poniendo énfasis en la geografía: los escenarios de la saga incluyen cuatro continentes y multitud de islas. Existen formas de organización política condicionadas por la geografía: Poniente (Westeros) es el continente de los Siete Reinos y su organización de tipo feudal unificada bajo un solo rey. También es el continente de las tierras más allá del Muro (un enorme desierto helado, habitado por tribus autodenominadas libres). En Essos, ingentes masas de tierra desértica albergan ciudades estado, tribus nómadas y pequeños reinos.” El dominio de la narración televisiva de George R. R. Martin, exhibe el inconfundible blasón de la HBO: minuciosas construcciones narrativas que “te permiten invertir tiempo en los personajes y hacerlo con la oscuridad que sus historias requieren”. En ambos continentes, centenares de personas de toda condición social interactúan en una lucha sin fin por el poder, la libertad, el honor o simplemente, la supervivencia. Una vez desplegado el tablero, lo realmente importante es el proceso, el recorrido, el entramado narrativo… el juego. Poco importa que los participantes sean bandas de traficantes en la calles de Baltimore, las familias del crimen organizado de Nueva York o los clanes de los Siete Reinos. “Los personajes se mueven por el dinero y el poder. Los valores, los sentimientos y la moral son los mismos”, declaró Sean Bean, uno de los protagonistas. En una sociedad donde los caballeros sirven a sus amos, los alfiles tienen sus propias y oscuras agendas y los reyes y damas son encarnaciones del vicio frente a cualquier posible virtud, el papel fundamental estará reservado a los peones. Sin ser una de mis series estrella de HBO la exploración del potencial del relato: su extensión, la continuidad de los personajes y los mundos posibles que evoca, nos acercan a un invierno largo y frío, que puede durar décadas y alguna que otra reflexión a extrapolar: fuck the king!

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La transición pasa por el cuerpo, la encarnación, buscar un cambio. Esto implica inevitablemente pensar cómo nos alimentamos, qué productos ingerimos a diario. Nos lo decía Mercedes el otro día, que buscará en los alimentos una cura o prevención para la enfermedad. He estado leyendo, apasionadamente, aunque no sé qué y cuánto de científico tendrán, dos libros que se plantean este tema. Hoy os voy a contar sobre el primero, que es del Dr. Perlmutter y se llama Cerebro de pan. Básicamente lo que viene a decir es que la pirámide alimenticia no está bien planteada y que sometemos a nuestros cuerpos a un exceso de harinas refinadas, hidratos de carbono y cereales en general. Según Perlmutter, neurólogo de profesión, esto conlleva una epidemia de casos de diabetes y afecciones como el Alzheimer, que se podrían prevenir aumentando la ingesta de grasas buenas y proteínas. También hay una parte que me ha interesado mucho y que está relacionada con la importancia del ejercicio: “La tendencia científica emergente sobre la evolución humana y el papel de la actividad física da un nuevo significado a la frase “ejercitar la memoria” (…) triunfamos como especie recorriendo distancias largas porque podíamos correr o caminar durante más tiempo que muchos otros animales. Esto nos ayudó a convertirnos en los humanos inteligentes que somos hoy en día. Cuanto más nos movíamos, más mejoraba nuestro cerebro”… eso sí, hay que empezar a madrugar de nuevo, porque el calorazo nos está dificultando la tarea, aunque hasta ahora las planificaciones que hago no triunfan en absoluto.

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Final del mundial: este año la peña autoConstituida se diluyó y le agradecimos el gesto republicano que la Selección tuvo ante el golpe de mando del nuevo y autoProclamado monarca de los españoles. El deporte como eclosión… no podemos tomarlo como un cruce entre el capitalismo más salvaje y las políticas latinoamericanas que intentan posibilidades más allá de los buitres del Fondo Monetario Internacional. Seguimos siendo poblaciones rehén, sudacas-euracas, unas PIIGS de cuidado. Un balón que se pone en juego y que pondrá a vibrar a miles de personas, como ese peregrinaje que hacía Tati Benítez, en la película de mi querido Carlos Sorín Camino San Diego. Tati es un humilde trabajador de la madera en paro, que vive en una pequeña población rural en la norteña provincia de Misiones y es admirador de Maradona. Un día encuentra en la selva una gran raíz de timbó, que a sus ojos reproduce la imagen de su ídolo, cuando Tati se entera de la enfermedad de Maradona, decide peregrinar hacia la lejana Buenos Aires, para entregarle su precioso tesoro y ayudar en su recuperación. Pero en el viaje tienen lugar muchas más experiencias: autoConvocados.