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Es el tercer día soleado y acudimos raudos a la playa de Rodiles, para no perder la oportunidad y bañarnos. Son las primeras olas de Lena en el Cantábrico y todavía no se ha formado una opinión al respecto. La arena de Rodiles es fina y está flanqueada por el verde de un par de montes que nos recuerdan dónde estamos. Los eucaliptos, que en su momento eran un aparcamiento improvisado, ahora cobijan un amplio merendero público; el lugar en que estaba el chiringuito “Marcelino” ahora está ocupado por dunas protegidas. Rodiles está situado, además, en un tramo del litoral de interés arqueológico debido al hallazgo de numerosos yacimientos del período jurásico formados por rocas en las que se encuentran impresas algunas huellas de Dinosaurios. Es cierto que la autovía ha multiplicado el número de visitantes, pero sigue siendo un lugar fascinante, un espacio que trasladar en nuestra memoria para ocupar la polis.

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Comienza el mes en el norte, VACACIONES, con un ritual de los buenos días. Una serie de acciones, realizadas principalmente por su valor simbólico: especiales, diferentes a las ordinarias, aún cuando se puedan practicar a diario. Se refieren a una acción o serie de acciones que una persona realiza en un contexto dado que no tienen otro propósito o razón aparente. Es el caso de este ritual de los buenos días que parte de Villaviciosa para tocar-vislumbrar las dos puntas de la playa de Rodiles, dando la vuelta entera, sin trazar una recta. Poner la vida en escena en el paisaje, descubrir a una pata con sus crías paseando al tiempo que yo lo hago. Compartimos modos menores de vivir, como decía Peter Pál Pelbart, que habitan modos mayores.