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Mundo de roles, en este caso la paternidad. Me seduce un título en la biblioteca Cartas a mi hija de Scott Fitzgerald, que no pasa de un puñado de recomendaciones para una adolescente y la preocupación por el tipo de persona en que se convertirá (holgazana, seductora, responsable, caprichosa, presumida) aunque a veces sale a flote el escritor. Sin embargo me llama mucho la atención el modelo de paternidad que seguía Fitzgerald y eso que hablamos de la intelectualidad del país… Desde los 11 años el padre asume todos los gastos derivados de la educación y otras necesidades básicas y la correspondencia a su hija con una frecuencia casi mensual. No hablemos ya de los encuentros personales que tienen lugar un máximo de tres veces por año si entre medias no surgía un rodaje o alguna ocasión laboral que aplazara el encuentro. Esta situación se vivía sin ninguna sensación de desamparo hacia la menor y con la completa convicción de que se estaba haciendo “lo que se debía”. Hay que aclarar que la madre en aquella época padecía una enfermedad por lo que tampoco estaba a cargo de la pequeña. Sería una estupidez por tu parte ganarse enemigas entre esas chicas. Por muy tontas y fanáticas que te parezcan ahora, algunas de ellas ocuparán posiciones de fuerza en esa sección. Tienes que mostrar cierta cortesía ante las ideas. No puedes desdeñar, ni cuestionar ni negar el hecho de que existe un movimiento organizado en todo el mundo ante el cual tú y yo, como individuos, somos menos que polvo. Un día que te sientas brava e insolente y no te hayan invitado a un acto de la universidad, lee el capítulo Das Kapital sobre “La jornada laboral” y dime si vuelves a ser la misma persona. Es inevitable el contraste con la despedida de su hijo que recoge Marquerie en el pliego que os leía la semana pasada: Mil aviones; se van y me joden las entrañas. Los aviones nunca me han gustado, no me dan miedo, pero me dan asco (…) Pero lo que más me jode es ver cómo se van y mucho más si tú vas dentro. Suena el teléfono: tu dulce voz de niño hombre. En el fondo no es nada nuevo, hablamos de la construcción de roles, del contexto de la época, de las costumbres y sin embargo puede ser una ocasión para pensar los vestidos que llevamos puestos, que no son inmutables.

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Monse
Bueno, esa es mi memoria. Comes una cosa y cagas otra bien diferente. Recorres miles de kilómetros y siempre es para llegar a un sitio. El sitio adecuado. Igual que hacen los animales, buscar el sitio que les conviene. Reconocer el sitio es lo que importa en realidad ¿no?

Carlos
Cada puerta de cada casa me hace imaginar una vida. En cada pueblo, en cada ciudad me imagino a mi mismo con una nueva vida o una vida diferente. No lo puedo evitar, llego a cualquier sitio y siempre me hago la misma pregunta: ¿Yo viviría aquí? ¿Cómo sería mi vida aquí?
Me bajo del coche y busco el lugar o los lugares en los que podrían estar clavados mis recuerdos.”
[Del Pliego 4 Llamad a cualquier puerta – Carlos Fernández López]