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Los cantares mediocres de nuestros gobernantes nos dejaron la moraleja culpabilizadora de que habíamos vivido por encima de nuestras posibilidades. ¿Cuáles son nuestras posibilidades?  ¿Cuáles se avecinan? Hace siete años Nacho compró un coche, el Roomster, que llegó a París, que transportó a Lena en su primer trayecto motorizado desde el Hospital, que conocía la ruta a Salamanca y la de Rodiles-Villaviciosa casi de memoria. Ida y vuelta a Pozuelo, a Infantes, la mudanza de San Marcelo a Bravo Murillo y una banda del Gauchito Gil que nos protegía en las carreteras. Pero estaba por encima de nuestras posibilidades, así que el pasado lunes lo vendimos, no car.

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Segundo día de exámenes, acaba de llegar agosto.

Incursiones empujando el carrito de Lena por la ciudad.

Devolución de ejemplares en todas las bibliotecas: Vázquez Montalbán (Estrecho), Dámaso Alonso (Plaza de Castilla), Facultad de Bellas Artes (Ciudad Universitaria).

Lo mejor de la jornada un encuentro en la facultad con Agustín; hablamos de colegios de Madrid, Orfidal y las becas de la Mutua. Hay momentos en los que se completa una etapa, aunque no haya ramos de flores esperándote, ni podio, ni medalla. Más bien desasosiego y cierta tristeza.

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La mayoría de los meandros se producen en el curso inferior del río. La erosión es mayor en el exterior de la curva donde la velocidad es mayor. La deposición de sedimentos se produce en el borde interior debido a que el río, desplazándose lentamente, no puede llevar su carga de sedimentos, creando un deslizamiento de la pendiente, llamado un punto bar. El movimiento más rápido en el exterior de la curva tiene más capacidad erosiva y el meandro tiende a crecer en la dirección hacia fuera de la curva, formando un pequeño acantilado o ribera recortada. Las raíces de los sauces están a menudo expuestas inferiormente lo que, finalmente, lleva a los árboles a caer. Esto muestra la circulación del río.

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Nacho me regala, por mi cumpleaños, dos títulos de Houellebcq, Las partículas elementales y Plataforma. La sensación, después de leerlos, es algo ambigua. En un principio me parecía que era un autor que respondía a la  construcción de un producto literario, una fórmula que aúnaba todos los ingredientes de ocio-entretenimiento: una historieta bien documentada, relaciones personales, algo de cinismo, descripciones erótico-festivas… un punto pesimista, oscuro, nihilista en cierto sentido. Todo en su justa proporción. Sin embargo las historias dejan poso: los personajes principales, tarados a nivel emocional, incapaces de empatía, de compartir, de afectividad, nos encaran con una interrogación. En el caso de Plataforma, Michel, trabajador del Ministerio de Cultura intenta ordenar sus pensamientos: “Mis sueños son mediocres. Como todos los habitantes de Europa occidental, quiero viajar. Bueno, hay que tener en cuenta las dificultades, la barrera del idioma, la mala organización de los transportes de grupo, los peligros de volar y de que a uno lo estafen, para decirlo en plata, en el fondo lo que yo quiero es hacer turismo. Cada cual tiene los sueños de los que es capaz, y mi sueño es encadenar al infinito los “circuitos de la pasión” las “vacaciones en color” y los “placeres a la carta”, por mencionar los temas de tres catálogos de Nouvelles Frontieres.” Pero lo que queda al descubierto son las tramas del turismo sexual, la explotación de los poderosos y la prostitución como última mercancía, una salida para unas relaciones humanas que se han vuelto demasiado complejas, si la comunicación no es posible o no cumple las expectativas de igualdad, la claridad del dinero aporta luz y  simplicidad a los nuevos intercambios.
Las partículas elementales, nos dan una clave en ficción científica para pensar la estructura de esta travesía que estoy escribiendo en pequeñas etapas: “Las historias coherentes de Griffiths se introdujeron en 1984 para reunir las medidas cuánticas en narraciones verosímiles. Una historia de Griffiths se construye a partir de una serie de medidas tomadas más o menos al azar en momentos diferentes. Cada medida expresa que una determinada cantidad física, diferente de una medida a otra se encuentra comprendida, en un momento dado, dentro de una determinada escala de valores. (…) Entre las historias del mundo que son posibles en un marco experimental determinado, algunas pueden reescribirse en la forma normalizada de Griffiths, se llaman, entonces, historias coherentes de Griffiths, y en ellas es como si el mundo se compusiera de objetos aislados, dotados de propiedades intrínsecas y estables. No obstante, el número de historias coherentes de Griffiths que pueden reescribirse a partir de una serie de medidas es, por lo general, bastante superior a uno. Tú tienes conciencia de tu yo; esta conciencia te permite emitir una hipótesis: la historia que eres capaz de reconstruir a partir de tus propios recuerdos es una historia coherente, que justifica el principio de narración unívoca. Como individuo aislado, empeñado en existir durante cierto lapso de tiempo, sometido a una ontología de objetos y propiedades, no te cabe la menor duda sobre este punto: se te puede asociar, necesariamente, una historia coherente de Griffiths.” Es más que literatura ociosa o “mejor vendida” aunque lo que muestre no me agrade.

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Nunca había leído nada de Marta Sanz, pero con la recomendación de Javier Pérez Iglesias, llego a la reedición revisada de La lección de Anatomía publicada por Anagrama. En esta novela, de una autora que pasa los 40 años y presenta su biografía, podemos reconocer muchos lugares comunes, de nuestra infancia, nuestros miedos, deseos, frustraciones y mezquindades. Si, todos tenemos “nuestra personalidad” pero como el ADN es un espacio mínimo el de la diferencia, tal vez un puñado de elecciones es lo único que nos determina. No puedo dar ni un paso. Sólo avanzo por la distancia que separan las palabras intentando entender la travesía hacia una transición que no termina de llegar. El dinero, también el que uno mismo gana, incide en las vivencias y en la posibilidad de crecer (…) Años más tarde, en el momento adecuado, entorno los ojos y pienso en el precio que se paga por el dinero y en que siempre se es independiente respecto a alguien: un país o una patria, una familia, un padre, una madre, un maestro, un aya, un criado, una sirvienta, un marido, una esposa, un amante o una amante, un hijo, una hija, un médico o una médica, un agonizante, una moribunda, una empresaria, un patrón. Cada cual debería decidir qué independencias son las que quiere proclamar. La lección está servida.

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Hay un texto maravilloso de Susan Sontag “Bajo el signo de Saturno (Walter Benjamin)” que nos habla de esta sensación de espacializar el mundo para conocerlo: “Los temas iterativos de Benjamin son, característicamente, medios de espacializar el mundo: por ejemplo, su noción de las ideas y las experiencias como ruinas. Comprender algo es comprender su topografía, saber cómo trazar su mapa. Y saber cómo perderse.
Para el personaje nacido bajo el signo de Saturno, el tiempo es el medio de la coacción, de la inadecuación, de la repetición, del mero cumplimiento. En el tiempo, se es sólo lo que se es: lo que siempre se ha sido. En el espacio se puede ser otra persona. El escaso sentido de la dirección de Benjamin y su incapacidad de leer un mapa de calles se convierten en su amor a los viajes y en su dominio del arte de extraviarse. El tiempo no nos da mucho plazo: nos lanza desde atrás, sopla sobre nosotros y nos empuja por el estrecho embudo del presente hacia el futuro. Pero el espacio es ancho, lleno de posibilidades, posiciones intersecciones, pasajes, rodeos, vueltas en «U», callejones sin salida y calles de un solo sentido. De hecho, demasiadas posibilidades. Como el temperamento saturnino es lento, proclive a la indecisión, a veces hay que abrirse paso con un cuchillo. A veces, terminamos volviendo el cuchillo contra nosotros.
La marca del temperamento saturnino es la relación autoconsciente e implacable con el yo, que nunca puede darse por sentado. El ego es un texto: hay que descifrarlo (Por ello, es un temperamento idóneo para los intelectuales.) El ego es un proyecto, algo que construir. (Por tanto, es un temperamento idóneo para artistas y mártires, los que cortejan “la pureza y la hermosura de un fracaso”, como dice Benjamin de Kafka.) Y el proceso de construir un ego y sus obras siempre es demasiado lento. Siempre está uno atrasado consigo mismo.
Más allá del romanticismo, cada día volvemos a intentarlo, a fracasar rotundamente, pero seguimos intentándolo. Unos centímetros más allá o en el mismo lugar, en callejones sin salida.

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Emilio me recomienda la lectura de Summerhill, un libro que lleva el mismo nombre que la famosa escuela que dirigieron A.S. Neil y su esposa durante 50 años. Así sostiene que hay que educar a los niños en “libertad” y permitir que aflore su capacidad de amar la vida e interesarse en ella. Algunos de los conceptos del libro nos parecen “hijos de su época”, como puede ser su entendimiento de la homosexualidad. Sin embargo introduce algunas cuestiones que nos dan que pensar: “Darle libertad es permitirle  al niño vivir su propia vida. Dicho así, parece sencillo. Sólo nuestra desastrosa costumbre de enseñar, moldear, sermonear y coaccionar nos hace incapaces de comprender la sencillez de la verdadera libertad.  ¿Cuál es la reacción del niño a la libertad? Los niños inteligentes y los niños no tan inteligentes ganan algo que nunca tuvieron, algo que es casi indefinible. Su principal manifestación exterior es un gran aumento de sinceridad y de caridad, y además un decrecimiento de la agresividad. (…) Pero libertad significa derrota de la ignorancia. Un pueblo libre no necesitaría de censores de comedias ni de costumbres.” Claro que se mezclan asuntos de clase, de género, cuánto hay de innato y qué de aprendido en nuestras conductas, muchas de estas cuestiones quedan en suspenso. Estas imágenes (la de ayer y la de hoy) son de la Biblioteca Digital Maliaya, que permite la consulta online del patrimonio bibliográfico y documental relacionado con Villaviciosa.

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Estoy en modo vaca activado, lo único que logro hacer es rumiar sobre la emancipación y si este año nuevo que estreno hoy, traerá la superación de la pereza. Rumiar a Rancière (El maestro ignorante, 1987): “Bastaría con aprender a ser hombres iguales en una sociedad desigual. Esto es lo que quiere decir emanciparse” escribió. “La pasión por la desigualdad es el vértigo de la igualdad, la pereza ante la tarea infinita que ésta exige, el miedo ante lo que un ser razonable se debe a sí mismo. Es más fácil compararse, establecer el intercambio social como ese trueque de gloria y de menosprecio donde cada uno recibe una superioridad como contrapartida de la inferioridad que confiesa. Así la igualdad de los seres razonables vacila en la desigualdad social”. Y a partir de aquí decenas de preguntas: ¿qué se debe a sí mismo un ser razonable? ¿qué trajes de los que nos ponemos los confeccionaron otros y creímos elegirlos? ¿cuánto sentido tiene construir como hormigas, con tanto esfuerzo? ¿qué implica no entender las distancias (madrid-asturias-berlín) y los tiempos (hoy, mañana, después, el miércoles) para una niña de dos años y qué es lo que entendemos nosotros? ¿si lo importante está en el proceso, sin esperar compensaciones, terminaríamos con las pequeñas frustraciones? ¿cómo podemos convivir simultáneamente con los duelos cíclicos que nos habitan y el entusiasmo por el agua, la arena, el sol, la vida? Gracias a todos por los bonitos augurios.

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Ayer hablábamos, con los jóvenes artistas residentes en Matadero (Estudio busca talento) de la memoria y del tiempo… acontecimientos que parecerían remotos y sin embargo los han vivido personas que conocemos. Desmemoriados. Leo Némesis de Philip Roth. Una espantosa epidemia, la polio, amenaza con dejar a los niños de la ciudad de Nueva Jersey mutilados, paralizados o minusválidos, e incluso con matarlos. Es el sobrecogedor tema de la obra de Roth ambientado en el verano de 1944. Nunca había estado en las montañas Pocono, ni pasado por los condados del noroeste de Nueva Jersey hasta Pensilvania. El tren atravesaba colinas, bosques y tierras de labor, y Bucky se sentía como si no viajara tan solo al estado vecino, sino mucho más lejos. Deslizarse por un paisaje totalmente desconocido tenía una dimensión épica, le producía una sensación que ya había experimentado en sus pocos viajes anteriores en tren (incluida la línea de Jersey que conducía a la costa), la de que estaba a punto de desplegarse un futuro nuevo y desconocido para él. Al ver la Delaware Water Gap, la espectacular hondonada entre montañas por donde fluye el río que separa Nueva Jersey de Pensilvania, a solo un cuarto de hora de la estación de Stroudsburg, donde iba a apearse, su emoción de viajero se intensificó y tuvo la certeza, irrazonable desde luego, de que ningún destructor podría rebasar tan formidable barrera natural para atraparlo. La polio sería la tercera enfermedad infecciosa erradicada pero en los 4 primeros meses de 2014 se han detectado un total de 68 casos incluyendo algunos en países no endémicos. Tan cerca, tan lejos ¿qué son 70 años?

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El cine entra en la Travesía, con la SAL DE TIERRA (Salt of the Earth) una película del año 1951 dirigida por Herbert J. Biberman que me recomendó Beatriz y que está basada en un hecho real ocurrido en la mina Zinc Empire Company, ubicada en Nuevo México. La peli (un antecedente fundamental de cine independiente, vetada en USA) muestra la discriminación ejercida por la empresa hacia los obreros de origen mexicano: recibían sueldos inferiores a los estadounidenses, no tenían agua caliente y las condiciones de seguridad dejaban al descubierto lo poco que valía para la compañía sus vidas. Esta situación provocó una larga y difícil huelga e hizo emerger que la desigualdad también se reproducía en el seno de las familias obreras. La igualdad no es un concepto etéreo, viene a transmitir la película, sino una lucha constante que hay que empezar y mantener, 2014 and go on. Esta película te hacer creer que tal vez, igual que ellos, al estar unidas, algo se puede cambiar y como dice Esperanza “La casa no es nuestra, pero las flores si”.