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La suya es una casa de las maravillas, gastronómicas y afectivas. Siempre son un bálsamo de celebración de la vida cotidiana: regar las plantas, la preocupación por las hojas que el granizo arrasó hace 10 días en Madrid, la cuidada iluminación de la terraza, son algunos indicios que preceden al viaje culinario. El puré Derridá, por supuesto deconstruído a las bravas madrileñas, es el prólogo de un camino que nos lleva del mar a la tierra y de ahí al aire. Todas las delicias y poder compartir nuestras fragilidades, culminan en una tarta de queso y moras (aunque por su tamaño parecían fresones) que puso Sagrario en la mesa con naturalidad, como si hubiera sido fácil ofrecernos aquél manjar. Es el descanso que nos regala la residencia de Carmen, Raúl, Livia y Marco. Imperdonable que no pueda ofrecer alguna foto… así que para compensar os dejo esta nube de Berndnaut Smilde.

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